
Nadie sabía bien a bien qué pasaba entre esas dos mujeres que se peleaban a media calle. Cuál sería la razón por la que se desgreñaban tremendamente, tampoco nadie lo sabía. Mientras tanto esas dos damas se propinaban terribles golpes, puñetazos que lo único que provocaban en los demás era un tibio: cálmense por favor. El hijo de una de ellas, a la que identificaremos como la señora del suéter rosa, trataba de separarlas. Todo era en vano. Los transeúntes se detenían, observaban por un momento para luego seguir su camino mientras esbozaban una cínica sonrisa. Los automovilistas también se detenían, tratando de apreciar mejor la escena. ¿Por qué se peleaban? ¡Caramba! No tiene muchos días que el año inició. ¡Esa no es manera de comportarse! Y por fin el público supo la razón. El mismo niño que mencionamos líneas arriba lo dijo: ¡ella es la amante... es la amante de mi papá! Nada de sorpresas. Casos de la vida real. Lo que a veces las mujeres callan mientras acumulan odio, rencor, odio para luego deshacerse de eso mediante golpes a la "maldita perra" que les quitó a su "viejo". La lucha continuaba. Hasta que de entre la multitud alguien gritó: ¡Es Sarita la de blusa blanca! Y un hombre llegó a separarlas. Pero antes de que todo se calmara perfectamente otro hombre hizo presencia. Venía montado en su motocicleta un tanto asombrado, al tiempo que escupía: ¿Otra vez tú hija de tu pinche madre? ¡Ya valiste verga! Y se le lanzó, dejando su moto, a patadas a la dama del suéter rosa mientras las personas se lamentaban con un estúpido: ¡Oh!, por su puesto de asombro. Déjala, déjala en paz, déjala por favor; era la voz del niño, de su hijo. El hijo que le pedía a su padre que dejara de golpear a su madre en un intento por defender a su querida, la de blusa blanca. Al final en la calle sólo quedó un celular tirado. Y unas cuantas gotas de sangre que derramaron de la cara de Sarita. Ya fuimos a levantar la denuncia, espeta orgulloso el hombre a todo aquel que le pregunta cómo está Sarita. Y la historia se repite en muchos lugares.