05/11/09

Primer capricho


A veces me dan ganas de ponerme una minifalda.
Salir a la calle.
Y enseñarles a todos el culo.

08/10/09

Aquellos que prefieren dejar de existir


Hace días tuve que hacer una nota sobre los suicidios en Morelos para el periódico donde trabajo. De entrada debo decir que no me fue nada sencillo. Tuve que solicitar cifras a la Procuraduría de Justicia del estado en relación al tema, para conocer específicamente cuántas personas se habían quitado la vida. La respuesta después de varios intentos fue: ese dato lo manejamos de manera hermética.

Le comenté lo sucedido a mi jefe directo, quien me dijo: entonces haz la nota sobre los suicidios en los últimos 30 días (casi por completo septiembre). Le dije que así sería, pero como yo quería incluir la historia de un hombre que se suicidó por problemas económicos, opté por incluir en mi material los meses de julio y agosto, para conocer estadísticas del penúltimo trimestre del año. Este fue el resultado:

*SUMAN 13 CASOS EN LOS ÚLTIMOS TRES MESES
Se disparan los suicidios en Morelos
*Dos personas más no lograron su objetivo

Martín Olvera
29-09-2009

Durante semanas, días, horas, la preocupación crecía cada vez más para Roberto Robles Valencia, un modesto empresario de la tortilla, al que las deudas económicas lo tenían entre la espada y la pared.

Un buen día de agosto por la tarde encontró una salida fácil a sus problemas. Ya no habría más angustia ni nada por qué congojarse. Se recostó en un sillón, levantó un arma de fuego a la altura de su pecho y en ese momento su vida, de 61 años, se apagó. Roberto se había suicidado de un disparo.

Ya para la una de la tarde del pasado 11 de agosto, sus familiares habían notificado a las autoridades policíacas los hechos. Ese día la tortillería El Campesino, ubicada en la colonia Ampliación Chapultepec, en Cuernavaca, estaba de luto.

Este es tan sólo uno de los 13 casos que La Unión de Morelos contabilizó e informó durante el penúltimo trimestre de este año (julio, agosto, septiembre).

EL DESGLOSE

En julio, séptimo mes del calendario, ocurrieron tres suicidios en distintas zonas del estado.

Tres hombres adultos dejaron de existir luego de que una cuerda, un lazo o un cable telefónico les impidiera respirar. A unos la depresión los orilló a tomar esa decisión, a otros las desilusiones amorosas no les dejaron otra opción. Y en algunos casos los motivos nunca se conocieron. Eran personas solas, calladas, tranquilas.

En ese mismo mes hubo dos intentos fallidos. A inicios de julio una mujer de 35 años de edad trató de quitarse la vida allá por Jojutla. Sus vecinos observaron como lastimaba sus brazos para cortarse las venas, por lo que decidieron pedir auxilio. Nada grave pasó.

Mientras tanto, unas semanas después en Cuautla, una joven de apenas 22 años de edad se sumergía en la depresión, porque había acabado el idilio de amor con su pareja. Como sus familiares la notaban cabizbaja no le quitaron el ojo de encima. Sin embargo, en un descuido, la muchacha se llevó a la boca un puñado de paracetamol con lo que intentaba morir, pero su madre lo evitó al llevarla pronto a un hospital.

Es en agosto donde se archiva el caso de Roberto Robles Valencia, junto con el de otros dos hombres; de Mazatepec uno, de Jiutepec el otro, que salieron por la puerta falsa por motivos desconocidos.

Actualmente, en septiembre, el número de suicidios superó a los dos meses anteriores al contabilizarse hasta la fecha siete casos: seis hombres, una mujer.

La mujer de 15 años, vecina de Cuautla, murió tras 15 días de permanecer en el hospital por beber herbicida, una sustancia química con la cual trató de matarse. No lo logró en ese momento, sino después, cuando médicos del hospital ya no pudieron hacer nada más.

El 2 de septiembre un hombre murió en Amacuzac por ingerir sustancias químicas. Los motivos de los hechos fueron desconocidos, al igual que el de otro sujeto, de Cuautla, que también bebió insecticida el pasado domingo 13.

Un tercero, de Jonacatepec, tragó fertilizante tres días antes. La razón: problemas sentimentales.
Durante la primera semana del presente mes, por causas desconocidas para sus familiares, un hombre de 31 años de edad se colgó en el interior de su casa en el municipio de Ayala.

Cuatro días después, en Yautepec, un balazo acabó con la vida de un sexagenario hombre que murió acostado en su propia cama. No dejó ningún recado póstumo, por lo que también se ignoraron los motivos de su decisión.

Otro caso que pudo ser evitado tuvo lugar en la capital del estado, Cuernavaca, un día después a lo mencionado anteriormente. Un albañil de aproximadamente 33 años de edad avisó en estado de ebriedad a sus familiares sobre su determinación de querer morirse.

Acto seguido, la persona en mención se arrojó a una cisterna. Y aunque sus familiares quisieron rescatarlo, José Luis Sánchez, como se llamaba, no respiraba más. Ya estaba muerto.

“Diariamente casi 3 mil personas ponen fin a su vida”: OMS

Sobre el tema, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera al suicidio como un problema de sanidad pública a nivel global. Y en promedio estima que “diariamente casi 3 mil personas ponen fin a su vida” en el mundo.

También precisa que el comportamiento suicida es determinado por diversas causas, como por ejemplo la pobreza, el desempleo, la pérdida de algún familiar o persona cercana, discusiones en las relaciones amorosas, jurídicas o laborales.

Así como también el abuso desmedido de alcohol, estupefacientes o cualquier otra droga, maltrato en la infancia, aislamiento social u algún trastorno mental como depresión y esquizofrenia.

En cuanto a métodos empleados para suicidarse, la OMS refiere que los plaguicidas, armas de fuego o medicamentos, son los constantes.

Finalmente, la organización indica que la “alta autoestima y unas relaciones sociales ricas, sobre todo con los familiares y amigos, el apoyo social, una relación estable de pareja y las creencias religiosas o espirituales”, son factores determinantes en la protección contra el suicidio.

09/09/09

Y moriré por tu amor y ojalá que tú también

Tengo ganas de sentir un beso que me desplome por varios minutos. Y que cuando despierte me encuentre en una cama de sábanas húmedas. Y que mi cuerpo esté todo lleno de mordidas. Y que debajo de mi almohada halle un sobre que guarde una carta de amor...

Pero más que una carta de amor es una de despedida. Se ha ido y me ha dejado tirado en la cama sin nada más que mi estúpida y miserable soledad. Y no encuentro una cuchara para revolver mi café de la mesa que está al lado de la cama y por desesperación me pongo a llorar como una Magdalena y de nada sirve que el perro me ladre porque no tengo ganas de ir a darle de comer ni de beber y beber tequila es lo que haré yo para que las penas de mi corazón desaparezcan y cuando no pueda más iré a la torre Latinoamericana a tratar de aventarme del último piso y al caer espero sobrevivir y que ese amor que me dejó se dé cuenta de una buena vez que sufro mucho por su culpa y que debe estar a mi lado porque sin su compañía soy un maldito enfermo que no sabe ni de qué carajos habla y además me están dando ganas de irme al parque a sentarme en una banquita completamente desnudo a ver quién me hace guiños para irme con él en un dos por tres y ojalá que luego de saciarse conmigo me amarre de las manos y los pies y me cubra los ojos con cinta canela y me aviente a una barranca donde después de varios días alguien descubra mi cuerpo por el hedor que despido y lleguen los del Servicio Médico Forense y levanten mi cadáver y sea mi amor el que identifique con tristeza mi abultado cuerpo y se lamente y se arrepienta de haberme dejado tan solo en mi cama y en mi casa sin su adorable calor y amor y decida suicidarse para acompañarme al paraíso del que tanto se habla y los dos estemos por fin nuevamente juntos.

*Esta es una historia desde las entrañas de mi perversa y jacarandosa imaginación.

30/07/09

La furia de sus palabras


Así es que debes aceptarlo. Acepta que… te revuelcas en la cama frotándote las sábanas sobre el cuerpo. Pensando en él todo el tiempo. Soñando que de arriba hacia abajo huele el perfume excitante de tu cuerpo. Que muerde tu cuello hasta hincharse de placer. Hasta reventar en gemidos. Y deseas que sus manos separen tus nalgas mientras te besa inocentemente como un niño. Acepta que cuando pasa junto a ti cierras los ojos mientras respiras profundamente el aroma que ha dejado. Y enseguida mojas dos de tus dedos para llevarlos pícaramente hasta tus partes sensuales que también están un poco húmedas por escenas anteriores. Acepta que eres tan caliente como el fuego. Y quieres tatuarle mordidas en su pecho. Besarlo en la boca, en los ojos, en esa parte íntima de la cual aún te preguntas cómo será… a qué olerá… a qué sabrá.

Y suspiras. Y respiras vehementemente para luego decir que un orgasmo ha aniquilado tus sentidos.


¡Ah!

19/07/09

La indignación que estalló como pólvora


Algo sucedió la mañana de este domingo para que el viento soplara tan fuerte. Algo pasó que se respira cierta tristeza en el cielo esta noche. Ya pronto comenzará a llover. Y creo que serán lágrimas... aunque sólo limpiarán la sangre que se derramó porque el dolor, el sufrimiento, el miedo, siempre permanecerán. Muchos esperamos que se borre pronto, tal vez al paso de los días.

En la mañana fui a comprar los periódicos que de costumbre leo. De regreso noté a un grupo de personas que discutían en la esquina de la calle donde vivo. Pero algo me llamó la atención: un niño de quizá tres o cuatro años lloraba demasiado.

Pero otra cosa me perturbó aún más: le salía sangre de la nariz. A su lado estaba una niña, que es su hermana pues. De inmediato la reconocí; son hijos de una señora que trabajaba en un auto-lavado, cuadras abajo de la calle donde vivo. La niña también lloraba, estaba demasiado roja de la cara.

Lo supe minutos después, cuando los vecinos hacían un círculo para evitar que la señora escapara, pues les había pegado a sus niños.

¿Pero con qué saña Dios mío? No lo sé, es difícil de describir.

La señora, que no sé su nombre, había golpeado a su niña de cinco años porque se atrevió a no sé qué cosa. Yo aún me pregunto qué motivos tuvo la “mamá” para maltratarla, darle de patadas, jalarla del cabello hasta levantarla, azotarla contra una cortina de una tienda de abarrotes. ¿Qué hizo la niña?

Cuando esto pasó, según una niña de nombre Vanesa que presenció todo mientras gritaba suplicando a la señora de piel morena se detuviera, dejara en paz a la niña, se calmara; el niño, el hermano de la pequeña golpeada, corrió calles abajo. Pero no escapó porque su madre lo detuvo de la camisa, para enseguida darle un puñetazo en la cara que le provocó una hemorragia al instante.

Ya para entonces los vecinos trataban de quitarle a la señora de piel morena a sus hijos. La rodearon tanto hombres como mujeres. Le decían que estuvo mal hacer eso. Le gritaban que estaba loca.

-Sí, qué les importa. Sí, me las trueno. Cállense- escupía la madre.
-Yo sí la denuncio. Son unos niños, por Dios señora, no se da cuenta- retaba una vecina.

Y, mientras, otra vecina policía llamaba a sus colegas para que mandaran una patrulla al lugar de los hechos.

-¡No, por favor!- suplicaba la madre- ustedes me conocen, saben que no haría nada malo. Déjenme ir. Por favor, mis niños están llorando.

-¿Cómo no van a llorar?, mire lo que les acaba de hacer- decían los vecinos. El asombro no cabía. Qué le pasó a esta señora al golpear a sus hijos.

No es la primera vez, se escuchaba por allá. Yo pienso que le deberían de recoger a los niños, se oía más allá. Y la patrulla llegó: bajaron dos policías, un hombre y una mujer, para entrevistarse con la madre que ya para entonces lloraba demasiado. Y sus hijos también, le suplicaban a la mamá que no se los llevara la policía.

-No hijo, cálmate, vamos todos juntos para que te lleven con el doctor- trató de tranquilizar un policía al pequeño que aún le sangraba la nariz. Posteriormente los policías trasladaron a la mujer, junto con sus hijos, ante las autoridades competentes, quiero pensar.

Cuando vi a la mujer no la reconocí. Me pregunté en qué se había convertido. Varias veces pasó a la tienda de mis padres a comprar dulces o refrescos para sus hijos. Nunca la noté alterada con ellos ni molesta. Parecía una buena madre.

Pero todo cambia, o quizá siempre fueron las cosas así hasta que un día todo reventó en la calle. Y entonces vino el dolor, el sufrimiento, la exposición ante todos, la pena, la vergüenza. Pobres niños, ellos qué culpa tienen de los problemas de los adultos, de sus papás.

La indignación corrió como pólvora. Y muchos nos preguntamos: qué pasa en este mundo porque todo cambia tan repentinamente.

Hace semanas, en alguna colonia del municipio de Temixco, acá en Morelos, la Procuraduría General de Justicia del estado levantó el cadáver de un niño de tan sólo 2 años de edad. Según la necropsia que se le practicó, el menor murió de estallamiento de vísceras provocado por golpes.

Fueron detenidos los padres del niño. Y apenas el viernes pasado un juez ordenó que permanecieran en prisión hasta que el proceso de investigación finalice. Sobra decir que tanto uno como otro se echaron la bolita.

Ella decía que su amante, el padrastro del niño, golpeó al niño supuestamente porque se subió al colchón donde dormían ellos.

Y él negaba todo, decía que ella era la asesina. Sin embargo, en sus primeras declaraciones dijeron que una niña había golpeado con un columpio al menor.

En fin... todo al final de cuentas tendrá su merecido castigo, aunque sea poco comparado al dolor que antes provocaron en los demás.

*Imagen de Alberto Gamón.

09/06/09

"¡Y se disfrazaban de mujer!"

Ya eran las ocho de la mañana cuando el ruido de una bocina me obligó a salir de la cama.

En la calle se paseaba un automóvil más viejo que mi abuela. Daba, mediante un perífono, una noticia sensacionalista por demás.

“Aparentaban ser todos unos hombres frente a sus vecinos… ¡pero por las noches se disfrazaban de mujer! Entérese, traigo la noticia con retrato para que los conozca. La noticia con fotografía de estos ‘mujercitos’ que se prostituían por la noche y engañaban a sus clientes”.

Algo así. El caso es que durante más de una hora el carro anduvo deambulando por la colonia donde vivo. Su misión prácticamente era terminar de vender los periódicos para todo aquel público morboso que decidía enterarse de la noticia.

Yo me enteré porque de por sí leo los periódicos. No es justificación pero así fue. La verdad es que en la fotografía del periódico no se apreciaban bien los rostros de estas personas; un total de 12 travestis detenidos.

En el desarrollo de la nota se argumenta que el operativo realizado por la policía municipal de Jiutepec (en Morelos, México), se ejecutó porque varios vecinos circundantes al boulevard Cuauhnáhuac se quejaron del “acoso” de varios travestis con menores de edad.

Otra razón es que prácticamente “se habían adueñado del lugar”. Yo no sé qué tan eficiente sean los dichosos operativos. Yo vivo demasiado lejos del lugar de los acontecimientos. Por las noches a fuerza tengo que pasar por ese lugar pues es entrada hacia la colonia.

Yo los he visto. Antes, incluso, cuando el señor al que le compro los periódicos abría su negocio a las ocho de la mañana, ahí en la calle había varios travestis continuando en el trabajo. Dejaron de hacer presencia cuando varias mamás se quejaron, supuestamente, porque representaban un “pésimo” ejemplo para los niños que por ahí circulan a diario hacia la escuela.

En otra ocasión me tocó saludar a uno que estaba demasiado alto. Me pidió de favor que le prestara una pluma porque quería anotar un número telefónico. Me dijo: gracias, corazón. Y le devolví una sonrisa.

Además, frente a mi casa vivía antes un muchacho de nombre Guillermo que por las noches se ponía peluca porque trabajaba de “mesera”, según él. Un día, entrada la noche, varios sujetos lo golpearon de una manera salvaje hasta que otros vecinos acudieron a auxiliarlo.

Un domingo, hace unos años, fui a una carnicería a comprar chicharrón. A mitad del camino vi que arriba de una patrulla de la policía local estaban dos personas: un hombre sin camisa, borracho. Y a su lado estaba, aparentemente, una mujer; que en realidad era un hombre pues.

No sé realmente qué estaba pasando en esos momentos, pero me di cuenta que algunas policías mujeres llamaban por radio a quién sabe quién. Los vecinos estaban atentos al “espectáculo” del travesti porque únicamente lanzaba groserías a todos e intentaba bajarse de la camioneta pero de inmediato era detenida.

Y de entre la multitud se escuchó: Dejen al borracho, pero llévense al puto nada más. Acto seguido varias risas se escucharon. Y acto seguido el borracho bajó de la camioneta, pero no el travesti.

Así las cosas en este mundo. Me iré a dormir, quizá mañana el carro regrese nuevamente a la colonia con una noticia muchísimo mejor.

***
Ando de plácemes porque este día, maravilloso 9 de junio, agrego un año más a mi jocosa vida.

29/05/09

¿Una pastillita? ¿Un chicle?


Hace unos años cuando andaba de reportero para una revista local sufrí mucho. Y no me refiero a que me costaba trabajo hacer mis labores adecuadamente, que en parte sí se me complicaba, pero con el tiempo eso se fue superando, me refiero más bien a soportar el pésimo olor de boca de algunas personas a las que tenía que entrevistar en la calle. Lo más increíble es que esas personas de las que hablo eran, ni más ni menos, funcionarios públicos de alto nivel.

Yo creo que ni de tan alto, porque eso de dejar salir esos olores tan espantosos de plano no tiene justificación. Lo triste para mí era verlos tan modosos ellos, pero tan sólo abrían el hocico lo fulminaban a uno.

Yo sé que por la tragadera entran muchas cosas... pero muchos no nos imaginamos los tufos tan espantosos que las personas nos avientan.

Una vez, camino al trabajo, me subí a la ruta que estaba demasiado llena, algo que por supuesto no tolero mucho porque me molesta tanta persona junta en un lugar tan pequeño. Devisé un asiento libre junto a un señor, el lugar era del lado de la ventanilla. A veces prefiero ir de pie para evitar quedarme atorado cuando me toca descender, pero esta vez decidí pedirle permiso al señor. Ya a su lado me arrepentí de haberlo hecho.

El susodicho se durmió a medio camino con la boca medio abierta. Yo no podía soportar tanto hedor. Mi papá a veces dice: le huele a cagada. Y un amigo dice: ¡tápate esa muela! Yo siempre he sentido ganas de aventarles una pastilla Halls o un chicle Trident de sabor sandía para que no anden por la vida haciéndonos eso.

Yo sé que puede ser un problema grave de halitosis, no los culpo. El problema es que a veces o no se dan cuenta o de plano no tratan de hacer algo por disminuir ese mal. En el trabajo de reportero me pasa seguido. A veces, en las manifestaciones de cualquier tipo, tienes que entrevistar a los líderes o cabezas del movimiento y te topas con este tipo de situaciones. Lo horrible es cuando, al rayo del sol, tienes que aguantar muchísimo tiempo entre la multitud mientras hueles sus palabras.

Una vez, en la preparatoria, a una maestra le entregué un trabajo para que me lo revisara en ese mismo momento porque quería que me aclarara un par de cosas. Al final opté por decirle que si podía de favor hacerme algunas anotaciones en las mismas hojas. La razón, clarísima está, fue que el aroma de su boca me sorprendió: era asquerosísimo.

Yo siempre llevo conmigo pastillas de menta o chicles de varios sabores. Quizá desconfío de mi aliento, pero al menos ando prevenido. Y a veces, cuando tengo personas a mi lado y les apesta el hocico, saco mi paquete de chicles:

-¿Quieres uno?- les inquiero. Y ellos no lo dudan. Lo aceptan. Lo mastican... y se sienten más tranquilos.