30/11/08

¡Anticipe su parada!


Rubí se había emocionado demasiado porque sería la primera vez que saldría de la casa a un lugar lejos, sola. Su abuelo le había pedido un grandísimo favor: comprar queso en el emblemático mercado de Cuernavaca.

Esa tarde, un sábado de abril, no había nadie más disponible que Rubí para cumplir el pedido que su abuelo le había hecho. Antes de partir hacia el mercado, la joven mujer recibió instrucciones de dónde debía comprarlo. Rubí únicamente movía la cabeza hacia abajo, dejando en claro que entendía perfectamente.

–Si olvidas lo que te dije, le preguntas a las personas dónde comprar queso– señaló el abuelo. Y enseguida ofreció a Rubí el dinero para los pasajes, así como para la compra del quesito. Luego la nieta partió.

***

Tiempo después el teléfono sonó. El abuelo contestó. Y en un dos por tres las cortinas del negocio cerró. Algo, efectivamente, algo había ocurrido con la nieta.

–Pendeja, pendeja– palabras del abuelo.

Y es que Rubí tuvo un accidente. Veamos. Cumplió con el mandado, abordó la ruta correcta, pero no tocó el timbre de la ruta con anticipación, así que tenía que bajar en la siguiente parada. Y así lo hizo, o más bien así trató de hacerlo. Pero Rubí no esperó a que la ruta hiciera alto total. Al poner un pie sobre la acera resbaló al suelo, la ruta la arrastró unos cuantos metros hasta que el conductor fue advertido de lo que pasaba. Ah, el queso desapareció.

Más tarde una ambulancia llegó para socorrer a Rubí que, increíblemente, sólo había sufrido raspones en los glúteos. Se peló las nalgas, literalmente.

***

Ya en el hospital la abuela regañó al abuelo. Le dijo: si no tenías más queso hubieras esperado hasta el otro día para comprarlo tú. Te salió más caro. Hasta el queso se perdió. Rubí fue atendida, la tuvieron en observación durante una semana, luego de ese tiempo pudo regresar a casa a dormir boca abajo. Sobre sus necesidades fisiológicas no hablaremos, pero me imagino que fue difícil esa recuperación.

26/11/08

Los pasos que se aproximan


Permanecer ante los demás como si nada pasara es sumamente difícil.

Por increíble que parezca, los problemas en casa (no familiares, pero sí jurídicos) tratan de darme severas lecciones de las cuales tengo que aprender. Forjar el carácter es un paso que día a día se da. Y esta vez, frente a un panorama lleno de zozobra, no tengo tiempo para sentarme a pensar en qué será de mi porvenir, el de los míos, de mis compañeros de vida.

Hubiese querido que las cosas no estuvieran tan mal como ahora lo están. Admiro el temple de mis padres frente a los tiempos difíciles, rudos, crueles. Y aunque trato de colaborar para que las cosas tomen otro rumbo, no sé si realmente sirva de mucho. El patrimonio de mis padres se viene abajo. Por años lo edificaron. Y ahora todo se derrumba, así de simple, de un soplo. Y no de un soplo divino precisamente.

Afortunadamente en unos días más termino la universidad. Agradezco sinceramente todo lo que mis padres hicieron por mí. Lamento haberlos decepcionado en algunos casos, pero esos lloriqueos ahora no tienen cabida. El tiempo es veloz, como dice la canción.

Logar el último paso fue pesado, difícil, lleno de estorbos. Todo se fue acomodando. Ahora viene lo complicado: buscar el trabajo. Mientras tanto he tomado una decisión que no afecta para nada a mi vida, una decisión tan superficial.

No iré a la cena de graduación que organiza la escuela, ni a la que organiza el grupo de periodismo. No lo haré con el afán de molestar ni tampoco para que me rueguen. Lo hago porque no tengo el ánimo necesario ni las ganas, ni siquiera la alegría suficiente de decir: lo hemos hecho compañeros.

Mi decisión es firme porque ahora mi cabeza está llena de otros asuntos más importantes que las mortales despedidas. No habrá lamentos, mucho menos arrepentimientos, tampoco tristeza. Ahora me toca brindar la fortaleza que por años mis padres me han dado.

Y sé que no la tengo fácil. Sé que me costará mucho, por eso precisamente ahorro energías para poder salir avante de un camino que, sin ser dramático, está rodeado de tanta basura. Es momento de comenzar la limpieza.

Ojalá el cariño, la comprensión, el respeto, el ánimo de mis compañeros, mis amigos, mis cercanos, me llenen de vigor.

*Entiendo que muchos tenemos problemas. Y que lo mejor es sonreír, pero me sentiré más a gusto sonriendo en la medida en que se despejen los asuntos que se tienen que atender. He dicho.

23/11/08

De los flamantes diputados morelenses


Ya ni hubo espacio para la incredulidad. De inmediato vinieron las reacciones, los gritos exasperados por una política tan rancia. Los reclamos hacia esos hombres, esas damas que se dicen diputados, legisladoras, representantes de la sociedad.

Un ex árbitro profesional, que devino en diputado local, presentó la iniciativa de modificación al artículo 2 de la Constitución Morelense para abrogar las causales que el propio Código Penal Morelense dice en cuanto a la permisión del aborto. Yo eso leí, que un ex árbitro lo hizo.

También, según leí en los periódicos locales, en el recinto legislativo hubo un intenso debate de perredistas con panistas. Pero me imagino más una pelea verbal entre niños. Y me despierta un considerable interés.

Al final, la fuerza del PAN arrastró consigo simpatías del PRI, Nueva Alianza, Convergencia, Verde Ecologista (el mismo que a nivel federal promueve la pena de muerte a secuestradores). Y quedó aprobado todo.

De esta manera, si a mi hermana (o a cualquier mujer) la violan, ni modo. Deberá permitir que el bebé nazca porque ahora un puñado de poderosos dice, piensa, que el aborto es ilegal. Que la vida “inicia desde el momento de la fertilización, que debe ser protegida desde entonces y durante todo el proceso de gestación en que se encuentre el producto de la concepción, en tanto que éste es una manifestación de la vida humana, y más allá, la vida humana continúa siendo jurídicamente protegida”. Ni hablar.

E igual, si mi hermana o cualquier mujer corre riesgo durante el embarazo o el producto presenta deformaciones congénitas, también se tiene que aguantar porque “la vida inicia desde el momento…”. Y lo que es de sobra conocido. Así que no importa la situación económica, ni mucho menos los traumas psicológicos en caso de una violación. No, eso no importa para los legisladores morelenses. Las mujeres no deben de preocuparse por eso, aquí importa la vida, sí, la vida. ¡Viva la vida! Que vengan al mundo más niños, más niñas... vivimos en la bonanza, el dinero existe de a montones, la buena vida, no más pobreza, no más niños sin educación. ¿Y luego?

Las mujeres acá en Morelos han alzado la voz porque no pueden permitir que se legisle de esa manera. Y han anunciado que seguirán manifestándose por las cuestiones jurídicas que violan su derecho a decidir sobre su cuerpo, sobre su vida, sobre lo que les afecta.

El tema del aborto es bastante complejo. Así como existen voces a favor, también las voces en contra se escuchan. Sin embargo, como dijo la Suprema Corte de Justicia, no se puede obligar a una mujer a ser madre, por lo que tampoco se puede castigar con cárcel a quien decide no serlo.


15/11/08

La sobrina, el tío llorón


Yo tengo una sobrina que hace unos días cumplió tres años. La verdad es que la quiero mucho. No se lo digan a nadie, pero a pesar de que es tremendamente latosa, es parte de mi alegría.

Un día quise enseñarle a escribir su nombre. No me desesperé de sus intentos fallidos. Luego quise enseñarle las vocales, pero no me hizo caso. Prefirió irse a jugar con sus muñecas. También la regaño porque hace travesuras, pero tampoco entiende. Y la comprendo porque es una niña.

En alguna ocasión su papá, mi hermano, discutió con su mamá. Hubo muchos gritos, mucha desesperación. Y ella, mi sobrina América, les decía: Ya cállense que no me dejan oír la tele. Ese mismo día mi cuñada canceló todos los intentos de una posible reconciliación con mi hermano. Estaba enojada, molesta, se quería ir. Y a la niña se quería llevar. Mi hermano no dijo nada, dejó que hiciera lo que quisiera. “Se le pasará”, pensó. Yo, mientras tanto, me asomé por la puerta a ver si era cierto que América se iría. No estuve mucho tiempo mirando por la puerta porque vi que su mamá la subía al taxi, así que me dirigí a mi cuarto a verla desde la ventana. El llanto nubló mi vista. Todo era borroso.

Afortunadamente mi cuñada se acabó el dinero, regresó a la casa en dos semanas. Y América continuó haciendo travesuras.

Sus papás siempre le prometían que la llevarían al cine, al circo, al parque. Pero sus papás nunca le cumplían. Yo comencé a ir al teatro cuando terminé una relación de pareja, era mi distracción, pero pronto se convirtió en un amor incondicional el asistir a los escenarios. Cuando vi al Ballet de Cámara del Estado de Morelos montar en escena Pedro y el lobo quise que mi sobrina lo viera.

Así fue. La llevé un domingo. Andaba emocionadísima, todo el recorrido en el taxi me estuvo preguntado: ¿Ya vamos a llegar? ¿Ya vamos a llegar? Y cuando llegamos le daba pena ver a tantos niños. Hasta dejó de hablar, de preguntarme cosas. Al comenzar la función estaba inquieta, pero le dije que viera todo lo que pasaba para que al llegar a la casa le contara a su papá.

Se quedó quieta cuando la música comenzó. Y, otra vez mi cursilería, casi me daban ganas de llorar cuando la vi tan atenta, sonriendo por todo lo que pasaba en el escenario. Más ganas de soltar el llanto me dio cuando me decía: mira tío, mira el gato, el lobo. Jamás lo olvidaré, jamás.

Yo quiero mucho a mi sobrina. Y también a mi sobrino, el hijo de mi hermana menor. Fui feliz cuando América pronunció mi nombre. Me gusta cuando mi sobrino Osvaldo me dice tío. De verdad que los quiero mucho, pero no se lo digan a nadie. Yo siempre los regaño por traviesos, pero ellos me dicen: tonto, tonto… Y se echan a correr.

Extra:

Alguna vez, en el negocio de mis padres, América miraba detenidamente a un par de niñas. Luego les soltó una pregunta: ¿Ya se bañaron? Desconcertadas las niñas contestaron lo común: Sí, ¿por qué? Y ante el asombro de los demás, América les dijo: es que huelen a caca.

*La imagen no es del ballet morelense, es del ballet regiomontano. Es que no encontré una del tlahuica.

11/11/08

Desventuras de la vida

*Lo siguiente es un texto que elaboré para una profesora que me lo pidió de favor. Es un caso verídico, no tuve contacto con las personas protagonistas, pero sí acceso a un expediente en el cual me basé. Unas líneas, de puño-letra, del niño me estremecieron tanto que pude sentir su angustia. Aquí la historia.


Las historias que a menudo vemos en la televisión reflejan sólo una parte de lo que en este país ocurre. Cada día escuchamos o presenciamos casos que nos conmueven por ese grandísimo espíritu de lucha que los niños saben demostrar.

Y es que cuando se es infante resulta demasiado sencillo imaginar que en un futuro se tendrá éxito, trabajo, dinero, familia. Nada de problemas.

Sin embargo, existen muchos niños como Faustino Ezequiel Chaverria Viloria que la misma vida no les permite imaginar tanto, porque los obliga a ocuparse de otras cosas que ellos no eligieron, pero que tienen que hacer para poder salir adelante.

Antes de que Faustino naciera su familia tenía problemas que enfrentar. No conoció a su padre porque éste murió; la diabetes mellitus acabó con él. Y aunado a esto se vino la tristeza, la desesperanza. El dolor de una mujer es inimaginable cuando se queda sola en este mundo sin nadie con quien contar.

Ella, embarazada, perdió a su esposo. Pronto nacería Faustino, pero no estaba preparada para recibirlo. El trabajo doméstico le acarreó problemas con la vista. Las visitas al médico en lugar de mejorarla la empeoraron. Unas gotas que tenían la función de aliviar sus males, fueron el detonante de una ceguera que hasta la fecha continúa. La esperanza de volver a ver se desvaneció por los fuertes problemas económicos: todo tiene un costo.

La alegría de tener un hijo es indescriptible también. Faustino puede ver a su mamá, pero ella no. Únicamente lo escucha, lo siente, sabe que está bien, pero le es imposible ver el rostro lleno de felicidad de un hijo que, ahora que tiene 10 años, es un alumno ejemplar en la escuela, un estudiante que obtiene promedios de 9.5.

La bondad de los vecinos les permite salir adelante, pero Faustino sabe que no todo es para siempre. Y por eso se prepara cada día. Entre sus sueños está el seguir estudiando para que en un futuro sea un excelente médico que auxilie a personas que están en las mismas condiciones que su madre.

Quizá Faustino quiere verse en los ojos de su madre. Quiere regalarle una sonrisa, un llanto. Quiere demostrarle que pese a los problemas físicos como económicos él, un niño apenas, lucha por salir adelante junto con su madre a quien quiere, a quien ama.

Cuando Faustino cumpla 15 años tendrá que dejar la casa donde él y su madre actualmente viven; una pequeña habitación en condición de obra negra con techo de lámina, cemento en bruto y un pequeño baño.

Al morir el padre de Faustino no dejó papeles que acrediten la propiedad de la casa, por eso los hermanos, tíos de Faustino, advirtieron sobre el desalojo de la familia cuando el niño cumpla los quince.

Y él, mientras tanto, espera que la ayuda se multiplique, para eso pone su granito de arena estudiando, preparándose, obteniendo buenas calificaciones. Quiere estar bien, desea que su madre vuelva a ver. Quiere ser, como muchos otros, muy feliz.

02/11/08

Él quiere concluir su vida


Hace días que las cosas en el trabajo están fatales. He mandado al carajo a todos los que creía mis amigos, mis compañeros. Les he dicho infinidad de cosas porque simplemente no pude tolerar más sus estupideces. Son una bola de mediocres. El jefe me ha llamado la atención. Por momentos bajé la cabeza, pronuncié disculpas falsas e hice la promesa de comportarme como adulto.

Un momento, he dicho que las cosas en el trabajo están fatales, eso es una vil mentira. Ya no tengo trabajo. Aunque, claro, supongo que en el trabajo las cosas están fatales porque no me tienen más ahí. Efectivamente, el jefe, ese maldito imbécil me despidió sólo porque le menté la madre. Traté de darle golpes pero el mariconazo llamó a la policía. Así es que se ha armado todo un espectáculo en las oficinas de su empresa.

Para colmo mi esposa me ha reprochado mis actos infantiloides. Me ha prohibido entrar a la casa, a menos de que llegue con la sorpresa de que tengo nuevo trabajo. Pero ni madres. Me he ido a dormir a un hotel barato donde dilucido mi porvenir. Por los pasillos del hotel caminan prostitutas viejas mal olientes, pero eso no me importa, un hombre debe mantener activa la chispa sexual. Aunque creo que he pescado una infección porque desde hace varios días no deja de escocerme la verga. Y una sustancia amarillenta sale de mi prepucio. Qué asco, maldita la hora en que no pensé en masturbarme. Ahora ni eso puedo hacer, el dolor es tan intenso.

Por Dios. Me vienen a la mente los recuerdos de mi esposa. Mis hijos, sus sueños, los cuentos a la hora de dormir. ¡Al carajo todo eso! Siempre he trabajado como burro, he tratado de darles una vida decente, una casa… un momento, es verdad, cómo es posible que mi vieja, esa maldita zorra, me haya corrido de mi propia casa. No puede ser, quién es ella para hacerlo.

Tengo una idea: me suicidaré. Ya no quiero vivir más. No tengo ganas de salir adelante, mucho menos de seguir manteniendo a una familia a la que ni siquiera amo. Me quitaré la vida. Que sufran ellos, que se las arreglen como puedan, que les pese el haberme alejado, el no permitirme estar a su lado. Que les remuerda la conciencia. Que sobre sus hombres carguen la pesadilla de mi muerte.

Me ahorcaré con algunos lazos, unos cables. O probablemente me arrojaré del último piso. Quizá corra hacia la carretera para que un automóvil me arrolle. Tampoco es mala idea provocar un incendio en el hotel, así elimino a todas estas porquerías que habitan aquí.

Carajo, me da miedo todo eso. No tengo ni el valor ni los huevos de hacerlo. Oh, por cierto, me sigue escociendo la verga.

El dinero se me acaba, el tiempo también. Iré a violar a una prostituta. Ojalá sus amigas se enteren para que entre todas ellas me den una paliza ejemplar que me provoque la muerte instantánea.