30/04/08

Invitación para ti


Ha llovido bastante. El agua golpeó mi destino, movió mis pensamientos, me trajo hasta la orilla de una habitación oscura, vacía, sin nada, sin nadie, con miedo, con calma. Y me dan ganas de preparar café, café negro, como tu pasado, como tu corazón. Amargo como nuestra vida, sin sabor como los días que pasamos juntos. Caliente como mi cuerpo, como mi mente. Caliente es el café. Se ha derramado el café de la taza, se ha regado por el suelo, se ha mezclado con el polvo, con mis huellas, con mi espacio. Limpiaré porque quiero invitarte a tomar un café. Sobre la mesa, ahí donde están los periódicos, he puesto dos tazas amarillas de porcelana. Y comenzaré a llenarlas para que los dos tomemos café. Me he puesto una corbata azul, como el cielo, como no son mis ojos, como el mar, como el agua embotellada. La música toca a Ravel, me encanta, me fascina, no te quiero ver dormido. Para eso tomaremos café, para estar toda la noche mirándonos, platicando de nada, de todo, de aquello, de lo que fue, de lo que será, de lo que quieres, de lo que queremos hacer. Platicaremos hasta que el sol nos bañe de calor, hasta que mis manos tiemblen al querer tocarte. Nos miraremos toda la noche, todo el tiempo, mientras sorbes café, mientras muevo con una cuchara la taza de mi café, cuando le pones azúcar, cuando le pongo crema. Nos miraremos retándonos a ver quién se lanza primero contra quién. Ojalá que tú rías antes, ojalá que el que ría al último no ría mejor, ojalá que la noche no caiga, que el sol no salga, ojalá que estés todo el tiempo aquí, conmigo, por mí, contigo, para mí.

Te invito cordialmente a tomar un café, luego, como dicen, vendrán otras cosas. Lamento decir que no quiero esta noche paciencia, así que vente ahora mismo. Ya sabes lo que tienes que traer para poder estar aquí, conmigo, tomando café: panecitos con gotitas de chocolate, panecitos.

28/04/08

Ganas de volar


"...llévame hasta allá donde yo pueda estar así, contigo me podría perder y nunca más dejarte ir, siénteme así, muy despacio que todo esto, esto es para ti, mi vida ven, mi vida ten, regálame tus ojos..."


*No pude, claro que no pude resistirme a escribir esto acá. Nota: es de una canción de Yuridia que se titula igual que este post.

Es de noche, son recuerdos, son mis cosas


Atrás, pero demasiado atrás han quedado aquellos días en los que no me preocupaba de nada, absolutamente de nada.

Jugar con globos llenos de agua era una diversión que cada fin de semana disfrutaba con mi hermana. Yo le tiraba muchos en su cara para que ella llorara. Y cuando ella lo hacía para mí, entonces sí que dolía. Ahora tiene un hijo, jugar con globos llenos de agua ha quedado en el pasado.

Reír es algo que para mí se me hace un lujo. Dicen los que saben que reír alimenta el alma, purifica la vida o cosas así. He procurado, en la medida necesaria, atender a esta situación: reír es lo que uno debe hacer ante las cosas, ante los problemas. Si bien tengo una familia con la que comparto una casa, sé que me siento tan solo como nadie se puede imaginar. Llegar a mi casa sin que nadie me diga nada es sumamente aterrador. Lo era, sí, lo era, con el paso del tiempo he perdido tantas cosas que ahora no me preocupan ese tipo de actos. Mi cuarto de dormir es el único lugar donde tengo orden, sé perfectamente dónde está cada objeto. Jamás había tenido tanto orden que hasta me da miedo pensar que sea una obsesión la mía el orden y la limpieza.

Las tostadas me gustan, pero recuerdo que ese día no comí ninguna. Mi hermana jugaba con un primo a la comidita. Mi mamá no estaba en la casa. Yo creo que dibuja en un pedazo de cartón. Porque antes me gustaba mucho pintar con gis los cartones. Por la casa había muchos cartones pintados con gis. Luego había muchos corajes porque también el gis significaba suciedad de paredes o de ropa. El gis empolvaba la ropa.

Mi hermana hizo pedazos varias tostadas. Luego las tiró en el lavadero. Mi mamá, cuando llegó, preguntó que quién había hecho esa cochinada. Entonces, como nadie le respondió, ni siquiera yo, ella se fue directa contra mí. Nunca la culpé por ese tipo de acciones. A mí antes me gusta hacer desorden en todo tipo de cosas. Yo siempre hice muchas travesuras que en la escuela nunca me atreví. Pero me dolió mucho que mi mamá me diera manotazos por algo que no hice. Y ahora sí, aquí cabe el cliché… a pesar de muchas cosas quiero a mi mamá, a mi familia. A veces quisiera fingir que guardo rencor por las cosas que me han pasado, pero realmente hacerse la víctima no tiene ninguna recompensa. Ninguna, en lo más mínimo. Seré, aunque sea difícil de entender, incapaz de odiar a alguien. Sinceramente no puedo, alguna vez alguien me dijo que mi misión en este mundo es darles mi amor a las personas que lo necesitan. Bueno, al principio me lo creí, pero luego pensé que eso es mucha ficción. Yo quiero mucho a las contadas personas que me quieren, las quiero mucho, de verdad que es así. Y creo que aquí le dejo, porque hasta las lágrimas andan empezando a molestar mis ojos porque quieren salirse. Qué pinche chillón soy.

Posdata: preparé café pero no me gustó porque lo hice cargadísimo. Y creo que eso fue lo que me orilló a escribir pura pendejada. En fin, lo escrito, escrito está. Amén.

25/04/08

Momentos de absurdo


Qué pasaría mañana si las estrellas fueran apagadas por el soplo de la hipocresía, de la no lealtad, de los malos ratos, de los tiempos perdidos, del engaño maldito, de los juegos estúpidos, de las palabras bellas. Y qué pasaría si el día de mañana finges estar bien para luego estar mal, para aparentar que se ha ido, que se ha cerrado el círculo de la vergüenza, que lo dejarás volar. Y entonces me dirás que no tienes tiempo, que estás ocupado, que sabía perfectamente lo que pasaría, que no tengo derecho a nada, que la vida es así, que no puedo quejarme, que no tengo por qué quejarme. Y te diré que lo siento, que me iré tranquilo, que gracias por todo lo que significó nada. Y entonces todo será todo para luego volverse nada. Para nada, por nada, porque no quiero nada.

Mañana tomaré un café por la calle de la tristeza. Cargaré en mi mochila piedras pesadas como mi pasado, mi presente o el futuro que se hace eterno. Comeré pedazos de dolor, de rabia, de llanto. Y entonces me empacharé. Luego la cura serán tus besos que lentamente me llaman hacia la cama, junto a la almohada, cerca de tu cara, juntito a tu alma, rozando tus brazos, tocando tus nalgas. Y seré feliz por unos momentos para luego volver a empacharme.

Será mañana, cuando las estrellas se apaguen porque mis ojos no pueden ver más allá de lo normal. Seré tiempo perdido hasta que alguien logre detenerse junto a mí. Y si no es así, entonces moriré lentamente, lentamente.

23/04/08

Mis delirios


Quise que al llegar a mi casa la música continuara, pero el silencio me ganó la batalla. Ahí, entre cuatro paredes, entre tantos papeles que dicen que no dicen que quién sabe lo que dicen. Entre hojas, entre lápices, entre plumas. Ahí, solo, solo, como si nada pasara, con el polvo aferrado en mis muebles, en mis libros. Botellas. Y luego qué. Mira el reloj. Ya es tarde. Hace frío, pero quiero que haga calor. Tengo miedo, qué te importa. Dame un chicle. Con quién hablas. ¿Perdón? Sí, con quién chingados hablas. Solo, conmigo mismo, frente al espejo, frente a mí reflejo, frente a mí, sólo a mí. Nadie más, no tiene que haber nadie más. Cállate, no digas nada más. Pendejo. Tu madre. Pendeja pues. Culero. Cómetelo. ¿Qué? Ya sabes. No quiero. Vámonos. No quiero. Vengámonos. Sí. Adiós, hasta mañana, nos vemos, te quiero. Hipócrita. Tu madre. Lo sé. Déjame. Las paredes tienen letras, frases hermosas, dichosas que alguien más dijo. Fantásticas, me gustan, las quiero para mí. Suenan las campanas. De las bocinas ruido sale. Canciones románticas, bailables. Canciones al fin. Mis manos me duelen. Ni modo que te duelan las mías. Tonto. Vomito, vomito, qué asco, qué asco. Me limpio, me indigno, me retiro de aquí. Cafetera, polvosa, mugrosa, no existe el café en la alacena. Compremos. Mañana está bien. Está bien. Me tiro al suelo, ahí me quedaré hasta que amanezca. Ojalá un animal me pique. A eso nada más aspiras, jodido. Lo siento, no quiero escucharte, por ahora prefiero descansar. Besitos. Besotes. Adiós.

19/04/08

Nada de culo fácil

*Casi así, como el de la imagen, era el señor acosador.


Antes de cualquier cosa, quiero decir que ando sumamente enojado conmigo mismo. Y es que resulta que anoche (viernes) le escribí a Horacio Franco para felicitarlo por su grandioso trabajo como flautista, verdaderamente que es un deleite escucharlo tocar la flauta. Me respondió, por supuesto, con gran amabilidad. Pero revisé mi correo hasta ahora (de noche). Y fue entonces cuando me dio mucho gusto ver que Horacio se presentaría este mismo día, sábado, en el Jardín Borda. Pero desgraciadamente me perdí la oportunidad de ir a verlo. Ni modo, será para la otra.

***
Luego de ir al teatro a ver al Ballet de Cámara del Estado de Morelos caminé por las calles del Centro Histórico de Cuernavaca. Me sentí un poco raro, como siempre. No sé en realidad qué me pasa, la verdad es que disfruto mi soledad al caminar, pero de repente quisiera ir acompañado de alguien que ría junto a mí.

Me cansé de caminar, así que decidí que era hora de regresar a mi casa. Antes pasé a un puesto de periódicos a comprar El Universal y La Jornada. Ahí estaba un señor chaparro, algo raro, que me miraba con ojos de “te quiero coger”. Y no es que me haga el deseado o el guapísimo que todos se quieren coger, claro que no, nomás me vieran algunos se echarían a correr, pero este señor me miraba de arriba hacia abajo, su mirada era… penetrante. Y cuando agarré los periódicos tuve que pasar junto a él, pedí permiso porque me estorbaba, pero al hacerse a un lado rozó su codo en mi espalda. Así que inmediatamente tomé los periódicos, busqué a la señora que atendía y le pagué los veinte pesos.

Luego caminé rápido, muy rápido, sentí que ese hombre me seguía, así que seguí caminando, rápido, muy rápido, no volteaba, me daba miedo. Seguí caminando. Después de cruzar algunas calles legué al paradero para tomar la ruta que me llevaría a casa.

Estuve esperando pero la ruta no llegaba, pasaban otras que iban a otro destino bastante distinto al que yo me dirigía. De repente miré que el señor, que usaba camiseta amarilla, venía hacía el paradero. Entonces pensé: maldita sea con este puto de mierda. Y cuando el señor me miró comenzó a tocarse sus partes bajas, así como diciéndome: mira putito lo que te vas a comer horita. No dudé en acercarme a donde había más gente. El ritmo cardiaco se me aceleró. Me dio mucho, mucho, pero muchísimo miedo. Oh sí, de verdad que sí.

Y la maldita ruta no pasaba. Tenía la opción de irme en taxi pero no quería gastar 50 ó 60 pesos. Tacaño, sí, claro que sí. Un señor algo mugroso se acercó a mí, me preguntó si la ruta veinte todavía pasaba a esas horas (9:40 pm), le respondí que sí. Me tranquilicé cuando la ruta veinte llegó, pero para mi desgracia iba saturadísima, así que no me subí, el señor mugroso sí se subió, junto con las demás personas que esperaban ahí, sí, esas personas que esperaba me protegieran si alguien me quisiera hacer algo, en especial ese señor de camiseta amarilla.

De repente el señor de camiseta amarilla se acercó a mí. El ritmo cardiaco aumentó. Hasta me puse a temblar un poco. Mucho miedo sentí. Pero el señor esperaba que sintiera otra cosa, así que me dijo: hola hijo, sabes si todavía pasa la ruta veinte. Y le respondí: ahí está. Entonces me dijo, riéndose asquerosamente: ah sí, es cierto, pero no sabes si va a Zapata. Y le dije: la verdad no sé. Entonces me asusté más. Y maldije el momento en que le respondí porque luego él me preguntó: a dónde vas. Estúpido me vi al responder: a Jiutepec. Y ahora sí, mi corazón parecía estallar del miedo, hasta la Coca Cola que llevaba en las manos se me resbaló cuando el señor me dijo, cínicamente: te llevo en mi carro.

Y abrí más los ojos para contestarle: no, gracias. Traté de que fuera rotundo, pero el señor con ganas de cogerse a alguien me dijo: ándale, sé que quieres, vámonos en mi coche, te llevo gratis.

No, de verdad, gracias: le respondí.

En serio, sé que quieres, vámonos: me dijo el estúpido, como si me conociera de hace tiempo.

Así que cansado de que ese señor siguiera chingando, lo miré, pero de manera amenazante para escupirle en la cara: ¡entienda que por favor no, gracias, deje de molestar!, ¿entiende?

Y hasta me sorprendí de mí mismo. Ahora sé que de verdad, cuando quiero, me puedo poner bien cabrón. Y el señor, claro está, se fue, volteando a verme, para ver si le hacía una seña de cambio de opinión. De verdad que me dio mucho miedo. Y es que no sé qué le pasa a esa gente que cree que uno anda dando las nalgas así nomás porque sí, caramba. Uno se tiene que dar a desear.

En serio, qué miedo es cuando un extraño se acerca a ti. Si tan sólo fuera alguien joven, bello, pues ni lo dejo terminar la invitación. Está bien, tampoco es tanto así. Yo procuro ser más romántico. Y aún creo en el amor. Oh sí, claro que sí. He dicho.

Ah, por cierto, luego de tanto esperar decidí que mejor me iría en taxi a mi casa. Y así lo hice.

18/04/08

Quiéreme, sólo quiéreme


A mí no me importa lo que pasa a nuestro alrededor. Ni siquiera me detengo a observar cada objeto que está cerca. Y las horas ni siquiera parecen horas, son como segundos, casi microsegundos. Adoro, en definitiva, que estés cerca de mí. Y te beso, te abrazo, te acaricio.

Quiéreme mucho porque así te quiero. Ámame tanto porque así lo quiero. Huéleme, excítame. Quiéreme mucho porque es lo que más me gusta. Quiéreme mucho, sólo eso quiero, que me quieras. Y así quiero. Lo que quieras quiero. Lo que tengo te daré, lo que me hagas lo disfrutaré. Quiéreme porque el mundo se acaba. Quiéreme tanto, quiéreme mucho, quiéreme por siempre. Así, porque sí, porque así lo queremos los dos.

17/04/08

Tenía unos ojos maravillosos


No sé por qué, pero creo que ese chico que pasa todas las tardes cerca de mi casa sabe algo de mí. O será que, como siempre, me ando haciendo ilusiones tontas. Carajo, me vienen a la mente cosas tan perversas. Tiene unos ojos tan maravillosos, negros, redondos, grandes, lo mejor son esas pestañas larguísimas que le dan un aire de niño, pero no es tan niño, puedo ver que sobre su pantalón se le marca algo que espera ansioso salir. Carajo, que me vienen a la mente cosas tan perversas con ese jovenzuelo que no sé ni su nombre. Lo sueño, lo tengo en mi mente, siempre, oh qué rico.

Ahora no lo he visto, se ha ido, pero por siempre recordaré sus ojos maravillosos. Carajo, que me enamoro tan fácil. Ven, abusa de mí. Yo me dejo, claro que sí.

16/04/08

Un chiste


Hace unos meses leí en La Jornada un chiste que me causó muchísima risa. Y apenas, así es, apenas, lo comparto con ustedes. Probablemente lo habrán escuchado ya.



¿En qué se parece el PAN a los meseros?...
En que ambos se hacen pendejos con el cambio.

09/04/08

Agobiante la vida


Las clases en la escuela me tienen bastante agobiado. Realmente que me siento tan mal. Necesito, con extrema urgencia, un descanso. Oh sí.

Las cosas no andan del todo bien conmigo. He dejado el periódico porque realmente no era lo que buscaba. Y así pues ni ganas ni fortaleza ni amor al arte. Marzo estuvo tremendamente aburrido. Lo único bueno que hice antes de que terminara ese mes fue hacer una buena acción: llevé a mi sobrina a ver la obra musical Pedro y el lobo en el teatro del estado. Se divirtió mucho. Me gustó haberla llevado. Me siento un tío completamente hecho. Ya tengo anécdotas que contar.

Abril es un mes de muchos gastos. Mucha presión, pero son cosas que uno mismo quiere hacer. Es que tengo un corazón tan enorme: pídeme lo que quieras, con gusto te lo daré.

Suspendí por algunos días la computadora, es que ando en lecturas, tengo tantos libros que leer. Y lo mejor de todo es que me siento tan bien. Oh, qué vida la mía.

En la tarde hice mucho pipí. Así es, mucho, pero mucho pipí. Es correcto así como lo digo o escribo. Yo, créanme, lo desconocía. Pero la expresión “pipí” es una voz masculina.

Pipí.
1. m. infant. orina.

02/04/08

Nadie puede salvarme


*Creí que mi corazón estaba sanando. Pero ahora me he dado cuenta que necesita más atención.

Esta noche he llegado mi habitación llorando. Durante el camino no pude dejar de hacerlo. Y sigo llorando. Lloraré hasta que mi cuerpo se seque, hasta que no quede nada de mí. Lloraré porque no pudo entender que las cosas no son como las cree. Lloraré porque piensa de mí lo peor cuando ni siquiera tiene idea de cuánto he tratado de esforzarme en arrancarme de mi corazón tantas cosas que quedaron suspendidas. Lloraré porque mis acciones siempre resultan contraproducentes, porque les ve otro significado, porque no puede creer en mí. Lloraré no porque su corazón esté anhelando otro corazón que no es el mío. Esta vez, aunque le sea difícil creer, mi vida quiere otra dirección. Pero me duele, me mata, me perturba el hecho de que piense que mis acciones tienen un fin, un objetivo. Lloraré porque todo el esfuerzo que he hecho por tratar de estar en paz conmigo mismo, de controlar mis sentimientos, mi cariño, de empezar desde cero, de regresar al Martín que a mí tanto me gusta, se ha ido al carajo. Lloraré porque ni siquiera tiene idea de lo que a mí realmente me pasa, lo que siento. No puede, nunca comprenderá el sufrimiento con el que cada día lucho. Y lloraré porque de nada sirven los años de conocernos si no se es capaz de comprender o entender que en la vida nada es fácil. Todo se va logrando poco a poco. Y que en cosas del amor, las heridas que quedan en el corazón se van curando lentamente para que no se hagan costra. Porque mientras unos tienen asistencia, otros apenas logramos ponernos pequeños parches. Lloraré porque así limpiaré mis ojos para ver hacia dónde me dirijo. Y lloraré toda la noche para que al siguente día sólo pueda sonreír.

01/04/08

Sobre algunas cosas


Anexé la revista Nexos a mi revistero personal

Adquirí por vez primera la revista Nexos en abril del 2007. En ese mes la publicación anunciaba en su portada Las mejores novelas mexicanas. Así que no dudé ni un bendito segundo en comprarla. El precio, 50 pesos, no lo pude regatear. En un principio dije: no mames, acabo de gastar 50 pesos en una revista, cuando pude haberme comprado cinco periódicos u otra cosa. Pero luego de haber leído la revista con calma en mi casa, quedé sumamente satisfecho. Así que el precio de cincuenta pesos no quedó en segundo término, ni en tercero, no, para nada, en este caso el costo de la revista me valió madres. Confieso que no compro Nexos cada mes, pero sí cada vez que el tema en portada me llama lo suficientemente la atención. Es una revista donde tienen encuentro varios artículos bien detallados así como documentados por los propios autores. Al detenerse en cada una de sus páginas podemos encontrar prosas, poemas, artículos de fondo, de opinión, cuentos, reseñas de libros, críticas de arte, de cultura, de música, de cine. Es una revista que está escrita en un lenguaje accesible para quienes están interesados en ciertos temas. Si hablamos de a qué sector de la sociedad va dirigida la revista me atrevo a decir, porque así lo aprecio, y no porque se me hinchen los huevos o las nalgas, que es una revista que va dirigida para quien la quiera leer. Así es, Nexos hace su aparición cada mes en las librerías o puestos de periódicos. Ahí el asiduo lector de publicaciones decidirá si la compra o no. Pero sobre todo es una revista que está presente para quien esté interesado en la vida pública de este país, México, así como asuntos internacionales que de alguna u otra manera tienen repercusiones en México o que muchos quisiéramos entender el por qué de su envergadura. Conclusión: la revista Nexos es una publicación que se hace para personas a las que les gusta reflexionar lo que pasa, por mínimo que sea, en esta sociedad que está hasta el hartazgo de politiquería.

***

Ya entramos al mes de abril. Las cosas, en mi persona, parecen un poco locas. Tengo muchas cosas que hacer pero nada es tan relevante como quisiera.

***

El calor azota a muchos de nosotros. Botellas de agua en mano, bien frías, no deben faltar. Y aquí dejo un dato sobre la palabra calor. Para dejar de pelear con aquellos que dicen "la calor". Ahora tienen con qué fundamentarse.

Calor. ‘Sensación que se experimenta ante una temperatura elevada’ y ‘propiedad del ambiente y de determinados cuerpos de producir dicha sensación’.

Es voz masculina en la lengua general culta: «A esa hora el calor lo pone a uno medio zonzo» (Flores Siguamonta [Guat. 1993]). Su uso en femenino, normal en el español medieval y clásico, se considera hoy vulgar y debe evitarse. El femenino puede aparecer también en textos literarios, con finalidad arcaizante.