19/07/09

La indignación que estalló como pólvora


Algo sucedió la mañana de este domingo para que el viento soplara tan fuerte. Algo pasó que se respira cierta tristeza en el cielo esta noche. Ya pronto comenzará a llover. Y creo que serán lágrimas... aunque sólo limpiarán la sangre que se derramó porque el dolor, el sufrimiento, el miedo, siempre permanecerán. Muchos esperamos que se borre pronto, tal vez al paso de los días.

En la mañana fui a comprar los periódicos que de costumbre leo. De regreso noté a un grupo de personas que discutían en la esquina de la calle donde vivo. Pero algo me llamó la atención: un niño de quizá tres o cuatro años lloraba demasiado.

Pero otra cosa me perturbó aún más: le salía sangre de la nariz. A su lado estaba una niña, que es su hermana pues. De inmediato la reconocí; son hijos de una señora que trabajaba en un auto-lavado, cuadras abajo de la calle donde vivo. La niña también lloraba, estaba demasiado roja de la cara.

Lo supe minutos después, cuando los vecinos hacían un círculo para evitar que la señora escapara, pues les había pegado a sus niños.

¿Pero con qué saña Dios mío? No lo sé, es difícil de describir.

La señora, que no sé su nombre, había golpeado a su niña de cinco años porque se atrevió a no sé qué cosa. Yo aún me pregunto qué motivos tuvo la “mamá” para maltratarla, darle de patadas, jalarla del cabello hasta levantarla, azotarla contra una cortina de una tienda de abarrotes. ¿Qué hizo la niña?

Cuando esto pasó, según una niña de nombre Vanesa que presenció todo mientras gritaba suplicando a la señora de piel morena se detuviera, dejara en paz a la niña, se calmara; el niño, el hermano de la pequeña golpeada, corrió calles abajo. Pero no escapó porque su madre lo detuvo de la camisa, para enseguida darle un puñetazo en la cara que le provocó una hemorragia al instante.

Ya para entonces los vecinos trataban de quitarle a la señora de piel morena a sus hijos. La rodearon tanto hombres como mujeres. Le decían que estuvo mal hacer eso. Le gritaban que estaba loca.

-Sí, qué les importa. Sí, me las trueno. Cállense- escupía la madre.
-Yo sí la denuncio. Son unos niños, por Dios señora, no se da cuenta- retaba una vecina.

Y, mientras, otra vecina policía llamaba a sus colegas para que mandaran una patrulla al lugar de los hechos.

-¡No, por favor!- suplicaba la madre- ustedes me conocen, saben que no haría nada malo. Déjenme ir. Por favor, mis niños están llorando.

-¿Cómo no van a llorar?, mire lo que les acaba de hacer- decían los vecinos. El asombro no cabía. Qué le pasó a esta señora al golpear a sus hijos.

No es la primera vez, se escuchaba por allá. Yo pienso que le deberían de recoger a los niños, se oía más allá. Y la patrulla llegó: bajaron dos policías, un hombre y una mujer, para entrevistarse con la madre que ya para entonces lloraba demasiado. Y sus hijos también, le suplicaban a la mamá que no se los llevara la policía.

-No hijo, cálmate, vamos todos juntos para que te lleven con el doctor- trató de tranquilizar un policía al pequeño que aún le sangraba la nariz. Posteriormente los policías trasladaron a la mujer, junto con sus hijos, ante las autoridades competentes, quiero pensar.

Cuando vi a la mujer no la reconocí. Me pregunté en qué se había convertido. Varias veces pasó a la tienda de mis padres a comprar dulces o refrescos para sus hijos. Nunca la noté alterada con ellos ni molesta. Parecía una buena madre.

Pero todo cambia, o quizá siempre fueron las cosas así hasta que un día todo reventó en la calle. Y entonces vino el dolor, el sufrimiento, la exposición ante todos, la pena, la vergüenza. Pobres niños, ellos qué culpa tienen de los problemas de los adultos, de sus papás.

La indignación corrió como pólvora. Y muchos nos preguntamos: qué pasa en este mundo porque todo cambia tan repentinamente.

Hace semanas, en alguna colonia del municipio de Temixco, acá en Morelos, la Procuraduría General de Justicia del estado levantó el cadáver de un niño de tan sólo 2 años de edad. Según la necropsia que se le practicó, el menor murió de estallamiento de vísceras provocado por golpes.

Fueron detenidos los padres del niño. Y apenas el viernes pasado un juez ordenó que permanecieran en prisión hasta que el proceso de investigación finalice. Sobra decir que tanto uno como otro se echaron la bolita.

Ella decía que su amante, el padrastro del niño, golpeó al niño supuestamente porque se subió al colchón donde dormían ellos.

Y él negaba todo, decía que ella era la asesina. Sin embargo, en sus primeras declaraciones dijeron que una niña había golpeado con un columpio al menor.

En fin... todo al final de cuentas tendrá su merecido castigo, aunque sea poco comparado al dolor que antes provocaron en los demás.

*Imagen de Alberto Gamón.

7 comentarios:

Areko dijo...

Nos estaremos infravalorando, Martín? nos estamos convirtiendo en cosas a tal grado que no sabemos reconocer que cuando agredimos lastimamos a los demás, que les duele y simplemente lanzamos el puñetazo para descargar el coraje, como si lo hiciéramos contra un muro, o cualquier objeto innanimado?
Que triste.

Conejitocisne dijo...

Yo si me hubiera enojado, como no.

Al final, qué pasó? Cómo resolvieron la historia?

Monsieur Freud dijo...

Valgame..
Yo siempre eh creído que contra la violencia; inteligencia.

Y es que desde pequeños nos han enseñado que la violencia es el método infálible para solucionar cualquier conflicto que se nos presente.
Desde resolver una disputa con alguien que trata de abusar de nosotros, hasta con un golpe hacer que el televisor funcione.

¿O miento?

En fin.
Ya estará en nosotros re-educar a esta sociedad y tratar de hacer conciencia de que:
"Las cosas no se solucionan a balazos"

Por más ñoña y trillada que suene.

Saludos desde el diván.

Monsieur Freud

Rafael Erre dijo...

Me conmueve como una persona deja de reconocer la fragilidad de un niño y les pega. Nunca deberían dejarlos tener hijos.

barbaria dijo...

un azote, un "me duele más a mí que a tí", un dedo amanazador, un "cuando cuente tres",.. inculcamos a los niños que se obedece por miedo, no por respeto, que tenemos derecho a desahogarnos a golpes, que con la violencia se consigue todo... ¿cómo esperamos que se comporten cuando sean adultos? ¿Donde poner los límites entre la disciplina y la tortura?

Jorge Pedro dijo...

:(

Pala Labra dijo...

Si tus propios padres te maltratan, qué se puede esperar?

Un abrazo.