21/10/08

¡ I m b é c i l e s !


Iba caminando hacia la casa de no recuerdo quién. Minutos antes mandé unos mensajes de texto, así que finalizada esta acción guardé mi celular en la mochila. Y seguía caminando. Era de noche; oscuridad, pocas personas en la calle, algunos automóviles circulaban. Todo estaba tan tranquilo.

Sin embargo, de repente unos jóvenes a bordo de una camioneta me arrojaron agua. Amparados en la velocidad de su vehículo disfrutaron de sus estupideces riéndose, quiero pensar, hasta que no pudieron más. Su valiente acción había sido arrojar agua al primero que se les cruzara en el camino. Yo fui esa persona.

Yo me asusté. No resistí e inmediatamente olí mi camisa para cerciorarme de que no eran orines o cerveza. Afortunadamente sólo era agua. Pero sí me asusté.

Pude haberlos maldecido pero no tenía caso.

¡Imbéciles!

10/10/08

Raspones, dolores...


Sólo una vez me he subido a una motocicleta. Y de ahí para adelante jamás lo he vuelto a hacer. Sostengo aún la promesa de no volverlo a hacer... aunque mi vida corra peligro. Ese día andaba fuera de la escuela porque los maestros tuvieron reunión académica. Y como era demasiado temprano, muchos de mis compañeros organizaron un “convivio express” para pasar el rato. Desaburrinos. Platicar de cosas nada importantes. Sin fondo, sin sustento. Hablar por hablar. Hasta que la tarde se hiciera presente. Al día siguiente, eso sí lo sé, haríamos una excursión a un museo. Pero lo más importante era el gancho para ir al museo: el parque de diversiones. Así que muchos andábamos emocionadísimos. Ya entrada la tarde, cada quien se dirigió a sus casas. A mí no me quedaba lejos del lugar donde se realizó el convivio, pero no quería caminar. Y entonces encontré cómodo que Moisés, un compañero, me trasladara en su recién adquisición: una motocicleta. Un lujo para un niño de quinto grado de primaria. Pero nada extraordinario para él; Moisés, alto, delgadísimo, tonto, bobo. Moisés, al que su mamá se cacheteba cuando la profesora le daba quejas sobre el desempeño escolar de su hijo. Moisés, al que castigaban con bofetadas, pero premiaban con aparatos ostentosos. Sin hacerla más de cuento. Me trepé a la parte de atrás de la motocicleta. No me sujeté de la cintura de Moisés porque eso sería bastante penoso para mí. Bien atrevido. Así que de donde pude me agarré. Implorando que no me pasara nada malo. Actuando cuando el viento chocaba en mi cara. En su cara. Pero todo sucedió tan rápido. La distancia recorrida no era bastante. Al primer tope salté como vil objeto inservible. Rodé sobre mis piernas, caí sobre mi mochila. Me raspé las rodillas. Y Moisés siguió su camino hasta que se dio cuenta que metros atrás, a la mitad de la calle, estaba su compañero Martín hincado. Sobándose. Disimulando que todo había sido un accidente chusco. Como para reírse. Y así sucedió. Moisés se rió. Él preguntaba qué me había pasado tantas veces como le respondí. Pero nunca le satisfizo mi respuesta. A mí tampoco, sinceramente. Yo rodé como pelota. Me impacté como vaca sobre automóvil. Yo no lloré. Pero Moisés rió, que es mucho mejor.

04/10/08

Deliros. Y delirios de Arianna


Arianna tiene ganas de que su novio la jale de los cabellos y la provoque. La caliente con unos besos profundos, salivosos. Lengua. Lengua, lengua que pasa por su cuello. Un chupetón. Besos, coqueteos y mordidas de nalga.

Arianna tiene ganas de que su novio le despoje su pureza. Quiere que su novio le meta la lengua con delicadeza. Y que la haga su princesa.

***


Hace algunos días que no había tenido el tiempo de poder publicar algo en el blog. El tiempo no me alcanza. Ya regresé a la escuela. Ando estudiando mucho. Es el último ciclo en la universidad. Este sistema de cosas me abruma mucho. Me siembra el temor, pronto termino. Y aún hce falta pulir muchas cosas, hace falta ponerse a trabajar.

Por lo pronto me he despojado de muchas antigüedades de mi habitación. He adquirido nuevas cosas. Discos de música para pasar el tiempo. Y que la soledad no pegue tan duro.

No tengo mucha inspiración, así que me iré a leer los periódicos.