30/05/08

Una escena tan hermosa


Lo único que sé es que en esta noche no podré dormir. Me siento tan mal, no sé qué hacer, no sé ni realmente lo que me pasa. Tengo miedo, miedo, mucho miedo. Y lo más triste es que no sé por qué. Quisiera cerrar los ojos para nunca más abrirlos, pero entonces me perdería de muchas cosas, pero no sé qué cosas, no sé. Necesito que alguien me explique qué pasa, no, creo que mejor no, si no puedo en mí mismo, creo que nadie podrá...


-¡Ya déjate de dramas, pongámonos el condón!

-O sea, qué frío eres, trato de darle emoción al acto sexual.

-Emoción ni madres, ¡ándale!, ponte.

-Te amo.

-Sí, sí, sí, lo sé, ¡que te pongas!

-Despacito por favor.


Y luego de tanto amor, por fin pudimos dormir.

27/05/08

Soñé que no me besabas más


Anoche desperté llorando porque soñé que te ibas de mi lado. Me dolía tanto en el alma pensar que tus besos no disfrutaría más. Lloré como una Magdalena. Tanta conmiseración sentí de mí mismo. Lloré mucho, lloré tanto. Cómo podría explicarme el mundo al vivir sin tus besos. Sin tus labios mojándose con los míos. Sin tus manos acariciándome el rostro, cerrando los ojos. Lloré porque el placer que me provoca el besarte se esfumó al penetrarme ese sueño tan horrible. Caminé llorando porque tus labios no estaban cerca de los míos. Rogué, imploré al cielo para tenerte a mi lado, pero no estabas ahí. Busqué en todas las habitaciones, corrí por todas las calles, toqué muchas puertas, en ningún lado estabas. Lloré al pensar que todo, tus besos, tus manos, tus besos, tu vida, la mía, tus besos, todo eso, todo aquello, era tan sólo un sueño. Pero las lágrimas resbalaron más aprisa cuando me invadió la idea de que tus besos, esos tan hermosos, fueran tan sólo un sueño también.

Y entonces grité. Tiré todo lo que se me pusiera enfrente. Me enojé mucho porque me sentí un completo tonto al pensar que tan sólo en sueños imaginé tus besos. Y que esa humedad era propia de mi sudor, de mi excitación.

Luego escuché una voz decir: ¿qué te pasa?, mi amor. Y abrí los ojos, miré a mi lado, noté que estabas ahí, a mi lado, conmigo, despertando conmigo, amaneciendo junto a mí. No esperé más para besarte, besarte, comerte la lengua, sentir tus labios, mojarme contigo, llorar de alegría, sentirme despierto, saber que los sueños no eran más, sentir la realidad, sentir tus labios. Bésame, como dice la canción, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez.

20/05/08

Yo amo al periodismo


Cuando mis padres me dijeron que no podían seguir pagando la preparatoria privada en la que estaba inscrito, casi se me caen los calzones. Me enojé mucho con ellos que hasta les recordé por mucho tiempo lo que me habían jurado el primer día de clases: hacer hasta lo imposible por mantenerme ahí.

Lo más rabioso fue cuando me dijeron que tendría que estudiar hasta Xochitepec, si es que quería seguir con eso de la comunicación. Mi papá me dijo: búscate una carrera mejor, una que sea más rentable. Mi mamá le hizo eco. Yo preferí mirarlos, callarme, enojarme, hacer berrinches. Pero eso no cambió nada. Tuve que estudiar hasta Xochitepec.

En esos tiempos de preparatoria me gustaba mucho la televisión. Ese era mi sueño, conocer todos los secretos de la caja mágica. Pero bastaron dos clases con el docente de esa materia para que mis ilusiones se deslizaran como el agua entre las manos. Me aburrí, me desilusioné. Y no quise saber nada más. Me harté. Odié tantos botoncitos, tantas cosas raras de la luz, de los sets, de las cámaras.

Así que el hecho de estudiar en Xochitepec se volvió tan cansado como estar en las clases de televisión. Pero eso también duró sólo algunos días. La presencia de un profesor, que hasta la fecha recuerdo, me contagió de ánimos exagerados. La materia: periodismo uno. La manera en que Jesús Hernández Villagómez contaba las cosas, ese amor que decía tener al periodismo me impactó sobremanera. Luego vinieron los ejercicios, las prácticas; realizar crónicas, notas periodísticas, entrevistas, artículos, reportajes. Con todo eso quedé fascinado. Cumplí con los ejercicios. A cada uno de los géneros le apliqué dedicación, entusiasmo. Y descubrí que redactar es mi pasión.

Sin afán de presumir, puedo decir que de toda la clase era el único al que no le preocupaba cuántas líneas escribir. Siempre observaba a mis compañeros terminar sus trabajos en algunas computadoras de la escuela. Y me reía, me preguntaba cómo era posible que nadie lo hubiera hecho en su casa, con calma, con tranquilidad, bien pensado, bien redactado, con perfecta ortografía. Pero jamás pude obtener una respuesta.

Mis papás aún se preguntan si la licenciatura que estudio es lo mejor para mí. Ellos me han visto siempre con un periódico en la mano, viendo noticias, escuchándolas. Pero, como he dicho, no saben si realmente ser periodista es lo que quiero. Me sorprende que me sigan preguntando si al terminar la universidad trabajaré como reportero. Y les contesto con la misma tónica, la de la duda: ustedes qué creen.

He tenido unas cuantas experiencias. Han sido verdaderamente exultantes. La primera en el Diario de Morelos haciendo "La pregunta del día", encuestas sobre determinados temas, así como la redacción de algunos pies de fotos. Lamento no haber aprovechado bien el tiempo ahí, pero lo poco que hice fue satisfactorio. Luego vino Sin Línea Diario, con Justino Miranda. Y ahí le siguieron los regaños constantes, los jalones de orejas, las órdenes de trabajo agresivas, el compañerismo, la angustia por tener buenas notas, por obtener buena información, pero sobre todo por tener información exacta, confiable e indispensable, algo que pocas veces se logró.

Me gusta el periodismo tanto que ahora espero con ansias el poder regresar a nuevas experiencias. Sé que la preparación tiene que ser constante, pues siempre se aprende, cada día pasa algo, surgen nuevas cosas. Espero vengan tiempos mejores para que algún día pueda decir, como lo dicen muchos, amo mi trabajo, pero qué chido que me paguen por algo que disfruto tanto.

Con el tiempo dejó de importarme que mis padres no cumplieran su palabra de mantenerme en la escuela privada. Y ahora ando agradecido por haber conocido el periodismo a través de alguien que dedicó gran parte de su vida a este oficio tan interesante.

13/05/08

Emoción sin culpa


Cada vez que despierto desbordo alegría porque tú no dormiste conmigo. Y qué. Ya me resigné a que nomás me quieres hacer el amor, bueno, nomás me quieres coger. Así no son las cosas. Ya me cansé. Ya me aburrí. Fastidio, fastidio, totalmente quedé fastidiado. Ahora buscaré los brazos de un amor que me sepa querer. Y desbordaré alegría porque dormí con alguien que me quiso, en todos los sentidos, en todas las posiciones, en todo los aspectos, en todos los rincones, durante la noche. Oh sí, amor, mi vida. Ya era hora.

12/05/08

Si te muerdo, muérdeme también


¡Maldición!

Si de algo puedo arrepentirme en esa cita maravillosa que tuvimos es el haber desperdiciado el tiempo en preguntarte la hora en lugar de darte un beso.

Y no logro entender el por qué de tu enojo. Te alejaste de mí porque no te besé. Maldición mi amor, tan mala persona eres conmigo que ni siquiera me permitiste decirte que no quería besarte porque tus labios son tan hermosos, preciosos, jugosos, carnosos que ni me atrevo a tocarlos. Y es que prefiero tenerlos sobre mi cuerpo, mi piel, mi alma. Mi vida, te amo.

Pero sé que te enojas porque te excita pensar que aquí me tienes esperando tu llamada. Y como sabes que no llamarás te excita pensar que en cualquier momento mi cariño explotará y seré yo quien te llamará para decirte una, dos, tres, y hasta cientos de veces que te quiero y que te amo y que ya me muero por morderte esos labios tan carnosos, tan jugosos, tan preciosos que no me atreví a tocarlos la primera vez.

¡Maldición!

Esto de trabajar con el corazón me hace suspirar y hasta delirar tan sólo por unos labios tan preciosos, tan carnosos, tan jugosos que ya ni sé si merezco. Y me excita pensar que algún día me morderás.

11/05/08

Arenitas del mar


Desde que compré el disco “Mi tierra” de Susana Harp, quedé sumamente satisfecho. Dije: a huevo, valió la pena gastar mi dinerito en esto. Y es que todos los días, así es, todos los días, aunque parezca aburrido, escucho a Susanita cantar Arenitas del mar, una de las canciones que más me fascinan.

Pero el disco es en realidad un tesoro musical porque la Harp está acompañada de la extraordinaria Banda Sinfónica del Estado de Oaxaca, así es que todo está precioso. El cedé contiene temas como La Sandunga, La Llorona, Canción Mixteca, Dios Nunca Muere, entre otras. Es todo un deleite para los oídos.

Yo, como lo mencioné líneas arriba, disfruto mucho el tema Arenitas del mar. Casi, puedo jurar, tengo un orgasmo con esa canción. Está tan preciosa, no tiene muchas pretensiones, pero es linda, romántica, preciosa otra vez. Oh, es para dedicarla a alguien a quien amas mucho. Y decirle:

No te dejaré de amar, has la cuenta despacito, cuando vayas por el mar, cuando dejes de contar de la arena sus granitos. Cuando el sol al caminar se despache de viejito, no te dejaré de amar. Larairararara

No te dejaré de amar, pues bien sabes que te quiero, cuando dejes de contar en la gloria sus luceros, cuando dejen de brillar las estrellas en el cielo, no te dejaré de amar. Larairararara.

Y todavía sigue. Me encanta, oh sí, me fascina. Si tienen oportunidad de comprar el disco, háganlo, no se arrepentirán, bueno, si es que les gusta la música folclórica. Me iré a contar las arenitas del mar, como nunca terminaré, entonces nunca dejaré de amar. Qué emoción me da esto.

10/05/08

Y eso qué...


El viento soplaba tan fuerte que lograba levantar polvo de la calle para que éste me golpeara en la cara. Casi me lo tragaba. Casi se me metía por los ojos. Caminaba del lado izquierdo de la calle mientras que en la acera derecha un hombre empujaba un carrito de los que se usan para vender tacos, detrás de él, una cubeta rodaba dejando a su paso trapos.

Algunas gotas de agua caían sobre mi abultado cuerpo, pero se resentían más en los brazos y en la cara, partes de mi cuerpo que no están cubiertos por la ropa. Eran casi las diez treinta de la noche cuando apenas me dirigía al Oxxo. Y me sentía pesado, no por mi cuerpo, sino porque en mi mochila traía dos mameyes y dos mangos que terminaron por aplastarse y manchar unas hojas.

A pesar del viento o las gotas de agua sentía mucho calor. Había caminado mucho, quería llegar al Oxxo. Y al llegar de inmediato el calor se aplacó porque el aire acondicionado de la tienda se me impregnó de repente. Caminé por el pequeño pasillo de las frituras y del café hasta llegar a la puerta donde están las cervezas. Tomé una, me regresé por el mismo camino, pagué la cerveza, salí de la tienda, volvió el calor. Pronto estaría en casa.

Al llegar esperaba, con ansias, ver las caras de mis papás cuando me vieran con una cerveza en la mano. Sentí adrenalina al abrir sigilosamente la puerta, pero cuál fue mi sorpresa al ver que las luces de la cocina estaban apagadas. Y, claro está, no había nadie ahí. Tan anonadado quedé que hasta juro haber escuchado algunos grillos. Tan desierto estaba el lugar. Y me sorprendí sobre todo porque siempre, invariablemente, sea la hora que sea, mi familia está en la mesa de la cocina platicando de quién sabe qué, pero ahí están. Ahora no había nadie. Hasta me dio miedo.

Hubiese querido quitar a mi papá del sillón de la sala, pero para mi mala fortuna él se estaba bañando. Mi mamá dormía, mi hermana también. No me quedó de otra que dirigirme a mi habitación a tomar la cerveza en el único sillón que tengo dentro. Quité los periódicos que estropeaban el espacio para sentarme. Inicié el ritual que se había acordado en clases. Di un trago grandísimo a la cerveza. Bebí junto a mi soledad. Todo parecía una perfecta escena de película. Cliché obligado. Luego siguió el derramamiento de cerveza en el escusado del baño. Obviamente que mi papá había terminado de bañarse, así que entonces decidí enseñarle en envase de la cerveza.

Mira, le dije sosteniendo el envase.
¿Qué es eso?, me preguntó.
¿No ves?, le respondí en la misma tónica.
Pues es una cerveza, ¿no?, contestó.
Claro, le dije riéndome, pero esta noche he decidido dejar el vicio.
Ándale pues, sigue de loco, me contestó mi progenitor.

Y lo dejé en paz para que descansara tranquilo por esta noche. Y creo que también me iré a dormir porque el estómago me duele mucho. Es que comí naranjas con mucho picante. Me duele el estómago. Mejor creo que iré al baño. Luego les cuento… si quieren.