*Lo siguiente es un texto que elaboré para una profesora que me lo pidió de favor. Es un caso verídico, no tuve contacto con las personas protagonistas, pero sí acceso a un expediente en el cual me basé. Unas líneas, de puño-letra, del niño me estremecieron tanto que pude sentir su angustia. Aquí la historia.

Las historias que a menudo vemos en la televisión reflejan sólo una parte de lo que en este país ocurre. Cada día escuchamos o presenciamos casos que nos conmueven por ese grandísimo espíritu de lucha que los niños saben demostrar.
Y es que cuando se es infante resulta demasiado sencillo imaginar que en un futuro se tendrá éxito, trabajo, dinero, familia. Nada de problemas.
Sin embargo, existen muchos niños como Faustino Ezequiel Chaverria Viloria que la misma vida no les permite imaginar tanto, porque los obliga a ocuparse de otras cosas que ellos no eligieron, pero que tienen que hacer para poder salir adelante.
Antes de que Faustino naciera su familia tenía problemas que enfrentar. No conoció a su padre porque éste murió; la diabetes mellitus acabó con él. Y aunado a esto se vino la tristeza, la desesperanza. El dolor de una mujer es inimaginable cuando se queda sola en este mundo sin nadie con quien contar.
Ella, embarazada, perdió a su esposo. Pronto nacería Faustino, pero no estaba preparada para recibirlo. El trabajo doméstico le acarreó problemas con la vista. Las visitas al médico en lugar de mejorarla la empeoraron. Unas gotas que tenían la función de aliviar sus males, fueron el detonante de una ceguera que hasta la fecha continúa. La esperanza de volver a ver se desvaneció por los fuertes problemas económicos: todo tiene un costo.
La alegría de tener un hijo es indescriptible también. Faustino puede ver a su mamá, pero ella no. Únicamente lo escucha, lo siente, sabe que está bien, pero le es imposible ver el rostro lleno de felicidad de un hijo que, ahora que tiene 10 años, es un alumno ejemplar en la escuela, un estudiante que obtiene promedios de 9.5.
La bondad de los vecinos les permite salir adelante, pero Faustino sabe que no todo es para siempre. Y por eso se prepara cada día. Entre sus sueños está el seguir estudiando para que en un futuro sea un excelente médico que auxilie a personas que están en las mismas condiciones que su madre.
Quizá Faustino quiere verse en los ojos de su madre. Quiere regalarle una sonrisa, un llanto. Quiere demostrarle que pese a los problemas físicos como económicos él, un niño apenas, lucha por salir adelante junto con su madre a quien quiere, a quien ama.
Cuando Faustino cumpla 15 años tendrá que dejar la casa donde él y su madre actualmente viven; una pequeña habitación en condición de obra negra con techo de lámina, cemento en bruto y un pequeño baño.
Al morir el padre de Faustino no dejó papeles que acrediten la propiedad de la casa, por eso los hermanos, tíos de Faustino, advirtieron sobre el desalojo de la familia cuando el niño cumpla los quince.
Y él, mientras tanto, espera que la ayuda se multiplique, para eso pone su granito de arena estudiando, preparándose, obteniendo buenas calificaciones. Quiere estar bien, desea que su madre vuelva a ver. Quiere ser, como muchos otros, muy feliz.
Y es que cuando se es infante resulta demasiado sencillo imaginar que en un futuro se tendrá éxito, trabajo, dinero, familia. Nada de problemas.
Sin embargo, existen muchos niños como Faustino Ezequiel Chaverria Viloria que la misma vida no les permite imaginar tanto, porque los obliga a ocuparse de otras cosas que ellos no eligieron, pero que tienen que hacer para poder salir adelante.
Antes de que Faustino naciera su familia tenía problemas que enfrentar. No conoció a su padre porque éste murió; la diabetes mellitus acabó con él. Y aunado a esto se vino la tristeza, la desesperanza. El dolor de una mujer es inimaginable cuando se queda sola en este mundo sin nadie con quien contar.
Ella, embarazada, perdió a su esposo. Pronto nacería Faustino, pero no estaba preparada para recibirlo. El trabajo doméstico le acarreó problemas con la vista. Las visitas al médico en lugar de mejorarla la empeoraron. Unas gotas que tenían la función de aliviar sus males, fueron el detonante de una ceguera que hasta la fecha continúa. La esperanza de volver a ver se desvaneció por los fuertes problemas económicos: todo tiene un costo.
La alegría de tener un hijo es indescriptible también. Faustino puede ver a su mamá, pero ella no. Únicamente lo escucha, lo siente, sabe que está bien, pero le es imposible ver el rostro lleno de felicidad de un hijo que, ahora que tiene 10 años, es un alumno ejemplar en la escuela, un estudiante que obtiene promedios de 9.5.
La bondad de los vecinos les permite salir adelante, pero Faustino sabe que no todo es para siempre. Y por eso se prepara cada día. Entre sus sueños está el seguir estudiando para que en un futuro sea un excelente médico que auxilie a personas que están en las mismas condiciones que su madre.
Quizá Faustino quiere verse en los ojos de su madre. Quiere regalarle una sonrisa, un llanto. Quiere demostrarle que pese a los problemas físicos como económicos él, un niño apenas, lucha por salir adelante junto con su madre a quien quiere, a quien ama.
Cuando Faustino cumpla 15 años tendrá que dejar la casa donde él y su madre actualmente viven; una pequeña habitación en condición de obra negra con techo de lámina, cemento en bruto y un pequeño baño.
Al morir el padre de Faustino no dejó papeles que acrediten la propiedad de la casa, por eso los hermanos, tíos de Faustino, advirtieron sobre el desalojo de la familia cuando el niño cumpla los quince.
Y él, mientras tanto, espera que la ayuda se multiplique, para eso pone su granito de arena estudiando, preparándose, obteniendo buenas calificaciones. Quiere estar bien, desea que su madre vuelva a ver. Quiere ser, como muchos otros, muy feliz.

3 comentarios:
No es nada de otro mundo saber que familiares quieran a dueñarse de las cosas de alguien que ya fallecio, de verdad que la ambición se queda corto. Lo tragico es que Faustino no concluya su objetivo.
Esto de los familiares que quieren adueñarse de cosas es muy cierto.
Ojalá Faustino salga adelante.
Un abrazo.
Faustino es un pequeño nombre para una gran persona.
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