
Iba caminando hacia la casa de no recuerdo quién. Minutos antes mandé unos mensajes de texto, así que finalizada esta acción guardé mi celular en la mochila. Y seguía caminando. Era de noche; oscuridad, pocas personas en la calle, algunos automóviles circulaban. Todo estaba tan tranquilo.
Sin embargo, de repente unos jóvenes a bordo de una camioneta me arrojaron agua. Amparados en la velocidad de su vehículo disfrutaron de sus estupideces riéndose, quiero pensar, hasta que no pudieron más. Su valiente acción había sido arrojar agua al primero que se les cruzara en el camino. Yo fui esa persona.
Yo me asusté. No resistí e inmediatamente olí mi camisa para cerciorarme de que no eran orines o cerveza. Afortunadamente sólo era agua. Pero sí me asusté.
Pude haberlos maldecido pero no tenía caso.
¡Imbéciles!

5 comentarios:
Bienvenido a República Banana.
Por cierto, déjame decirte que en toda mi vida eres el único Santamaría (aparte de mí, mis hermanos y mi papá) que conozco =P
Ni siquiera los hubieras mencionado, no vale la pena darles importancia, aunque claro, nos sirve a los demás sólo para rectificar-una vez más- la inmundicia en la que vivimos, el mundo-cada vez más insensible y sin cultura- se aburre mientras las almas de los que lo habitan duermen el sueño de la ignorancia y la falta de amor.
Besitos.
Lety.
a un amigo le paso en la calle... con un señora que limpiaba su casa... pero esa era agua sucia...
aunque claro, la señora no lo hizo en un rato de ocio y pendejes...
Jajajaja ni modo, así es la vida.
Publicar un comentario en la entrada