
Este miércoles hubo mucho enojo en la sociedad.
Eran cerca de las dos treinta de la tarde cuando me dirigía a mi casa para bañarme e irme a la escuela. Abordé un taxi para que no se me hiciera más tarde. Yo estaba en el centro de Cuernavaca. El recorrido era fluido, pero al llegar a La Luna comenzaba el martirio. El taxista se molestó, lanzó improperios al aire. Y golpeaba constantemente el volante del automóvil.
Fue desviado por unos policías de tránsito hacia la Bajada Chapultepec. Ahí fue donde pude observar dos autobuses con varios policías granaderos. ¿Qué habrá pasado?, me pregunté. Pero inmediatamente me di cuenta que en la entrada principal del Parque Ecológico Chapultepec había muchas personas. Sentadas, abanicándose, tomando agua. Son maestros, pensé. Y realmente eran ellos. Esperaban ansiosos la salida de un comité especial que entró a discutir con varios funcionarios de gobierno, entre ellos el propio gobernador, Marco Adame Castillo. El objetivo: destrabar el conflicto magisterial que desde hace 37 días ha puesto de cabeza a muchos sectores de la población. Entre ellos, por supuesto, los propios estudiantes, los alumnos que no han comenzado sus clases, los comerciantes, la sociedad, los automovilistas, etcétera.
Me dio lástima ajena ver la cara de fastidio del taxista. Íbamos, como dicen algunos, a vuelta de rueda. Tan tranquilos, tan como si nada pasara, como si muchos no tuviésemos nada que hacer.
Quise relajarme un poco escuchando música pero no pude porque el taxista le subió el volumen al noticiero de la tarde. En mundo 96. 5 estaban abriendo el micrófono a todos aquellos que resentían los bloqueos a calles principales. Y hubo de todo: muchos quejumbrosos que despotricaron contra los maestros.
“Ya se pasaron del límite. Qué poco tolerantes con las demás personas que sí trabajan. No lo podemos seguir permitiendo. El gobernador es un mediocre que está rodeado de más secretarios de estado mediocres. Ya párenle a esto. Los niños quieren volver a la escuela. Los niños son los más afectados. Defienden sus intereses pero a costa de los demás. Yo sí apoyo la calidad de la educación porque hay muchos maestros ignorantes”. Y cosas así, quejas así. Parecía que la premisa era: duro contra los maestros, duro, pero durísimo. Como si ellos abandonarían su lucha nada más porque las personas están “cansadas”.
Se escuchan las sátiras: ¡No es Mickey Mouse, no es Topo Gigio, es la ratota de la Gordillo! El 12 de agosto Elba Esther Gordillo se presentó en Morelos para firmar, junto con autoridades locales, la famosa Alianza por la Calidad de la Educación.
"Las plazas no se heredan, esto no es una monarquía. Se tiene que seleccionar a los mejores y los lugares se ocupan por mérito, por esfuerzo propio", dijo la presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
¿Quién le cree? ¿Apoco Elba Esther no recuerda los constantes señalamientos que se le han hecho por corrupción, por pago de favores al gobierno actual, por tráfico de influencias? ¿Qué tan hueca está Elba Esther para decir eso? ¿No se mordió la lengua?
Hasta ahora, en el momento en que escribo esto, no existe una solución que haga que los maestros retornen a clases. Y, desde mi opinión, no creo justo que se culpe a los maestros de todo. Si juzgamos, hagámoslo de los dos lados. Los padres de familia, incluso quienes estudiamos en escuelas públicas sabemos las condiciones en las que muchas de ellas se encuentran.
Luis Hernández Navarro escribió este martes en La Jornada que para la ACE educar es sinónimo de invertir en el recurso humano. Disfrazando el lucro con la pedagogía. Haciendo mercancías a los profesores con el nuevo sistema educativo que pretende la alianza.
Si algo realmente se pretende con la dichosa ACE, es necesario reforzar los cimientos de la educación, de la infraestructura escolar, pues mientras los propios padres de familia sigan poniendo de su bolsillo el salario de un maestro de inglés, danza, pintura, personal de intendencia, cooperaciones para “arreglar los baños, los salones”, entre otras cosas, no se podrá avanzar.
La constitución refiere, en su artículo tercero, que la educación es gratuita. No tiene, entonces, por qué costar, no tiene por qué volverse un dolor de cabeza para los padres de familia que apenas tienen un poco de dinero para comer, pero tienen muchísimas ganas de que sus hijos salgan adelante, de que tengan una buena preparación, de que sepan leer.
Ya para terminar, para no hacerla más de cuento, secundo a Luis Hernández Navarro, así como a muchos profesores: La enseñanza debe seguir siendo un bien público, no una mercancía que beneficie a unos cuantos privilegiados. Es por eso, y no por el mantenimiento de privilegios, que luchan los miles maestros que se oponen a la Alianza en el país.
Eran cerca de las dos treinta de la tarde cuando me dirigía a mi casa para bañarme e irme a la escuela. Abordé un taxi para que no se me hiciera más tarde. Yo estaba en el centro de Cuernavaca. El recorrido era fluido, pero al llegar a La Luna comenzaba el martirio. El taxista se molestó, lanzó improperios al aire. Y golpeaba constantemente el volante del automóvil.
Fue desviado por unos policías de tránsito hacia la Bajada Chapultepec. Ahí fue donde pude observar dos autobuses con varios policías granaderos. ¿Qué habrá pasado?, me pregunté. Pero inmediatamente me di cuenta que en la entrada principal del Parque Ecológico Chapultepec había muchas personas. Sentadas, abanicándose, tomando agua. Son maestros, pensé. Y realmente eran ellos. Esperaban ansiosos la salida de un comité especial que entró a discutir con varios funcionarios de gobierno, entre ellos el propio gobernador, Marco Adame Castillo. El objetivo: destrabar el conflicto magisterial que desde hace 37 días ha puesto de cabeza a muchos sectores de la población. Entre ellos, por supuesto, los propios estudiantes, los alumnos que no han comenzado sus clases, los comerciantes, la sociedad, los automovilistas, etcétera.
Me dio lástima ajena ver la cara de fastidio del taxista. Íbamos, como dicen algunos, a vuelta de rueda. Tan tranquilos, tan como si nada pasara, como si muchos no tuviésemos nada que hacer.
Quise relajarme un poco escuchando música pero no pude porque el taxista le subió el volumen al noticiero de la tarde. En mundo 96. 5 estaban abriendo el micrófono a todos aquellos que resentían los bloqueos a calles principales. Y hubo de todo: muchos quejumbrosos que despotricaron contra los maestros.
“Ya se pasaron del límite. Qué poco tolerantes con las demás personas que sí trabajan. No lo podemos seguir permitiendo. El gobernador es un mediocre que está rodeado de más secretarios de estado mediocres. Ya párenle a esto. Los niños quieren volver a la escuela. Los niños son los más afectados. Defienden sus intereses pero a costa de los demás. Yo sí apoyo la calidad de la educación porque hay muchos maestros ignorantes”. Y cosas así, quejas así. Parecía que la premisa era: duro contra los maestros, duro, pero durísimo. Como si ellos abandonarían su lucha nada más porque las personas están “cansadas”.
Se escuchan las sátiras: ¡No es Mickey Mouse, no es Topo Gigio, es la ratota de la Gordillo! El 12 de agosto Elba Esther Gordillo se presentó en Morelos para firmar, junto con autoridades locales, la famosa Alianza por la Calidad de la Educación.
"Las plazas no se heredan, esto no es una monarquía. Se tiene que seleccionar a los mejores y los lugares se ocupan por mérito, por esfuerzo propio", dijo la presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
¿Quién le cree? ¿Apoco Elba Esther no recuerda los constantes señalamientos que se le han hecho por corrupción, por pago de favores al gobierno actual, por tráfico de influencias? ¿Qué tan hueca está Elba Esther para decir eso? ¿No se mordió la lengua?
Hasta ahora, en el momento en que escribo esto, no existe una solución que haga que los maestros retornen a clases. Y, desde mi opinión, no creo justo que se culpe a los maestros de todo. Si juzgamos, hagámoslo de los dos lados. Los padres de familia, incluso quienes estudiamos en escuelas públicas sabemos las condiciones en las que muchas de ellas se encuentran.
Luis Hernández Navarro escribió este martes en La Jornada que para la ACE educar es sinónimo de invertir en el recurso humano. Disfrazando el lucro con la pedagogía. Haciendo mercancías a los profesores con el nuevo sistema educativo que pretende la alianza.
Si algo realmente se pretende con la dichosa ACE, es necesario reforzar los cimientos de la educación, de la infraestructura escolar, pues mientras los propios padres de familia sigan poniendo de su bolsillo el salario de un maestro de inglés, danza, pintura, personal de intendencia, cooperaciones para “arreglar los baños, los salones”, entre otras cosas, no se podrá avanzar.
La constitución refiere, en su artículo tercero, que la educación es gratuita. No tiene, entonces, por qué costar, no tiene por qué volverse un dolor de cabeza para los padres de familia que apenas tienen un poco de dinero para comer, pero tienen muchísimas ganas de que sus hijos salgan adelante, de que tengan una buena preparación, de que sepan leer.
Ya para terminar, para no hacerla más de cuento, secundo a Luis Hernández Navarro, así como a muchos profesores: La enseñanza debe seguir siendo un bien público, no una mercancía que beneficie a unos cuantos privilegiados. Es por eso, y no por el mantenimiento de privilegios, que luchan los miles maestros que se oponen a la Alianza en el país.

4 comentarios:
Qué estrés.
Si hay algo que en este país sea preocupante es la educación. Poca y de mala calidad, no importa si es pública o privada...
En fin, espero que el regreso a clases te haya sido leve y que todo ande de maravilla.
Un abraxo.
¡Que mal todo esto que cuentas!, te entiendo perfectamente, acá la educación también va en picada y el gobierno nada que nada...
¡Saludos!
Dejando de lado quien lo dijo, es lo justo:
"Las plazas no se heredan, esto no es una monarquía. Se tiene que seleccionar a los mejores y los lugares se ocupan por mérito, por esfuerzo propio"
Y esto debería de ser para todos los trabajos. Que se haga o no es otro pedo, pero así deben ser las cosas.
Tienes razón, hay muchas cosas que se quieren "disfrazar" con esta dichosa "alianza", me afecta porque soy maestra, pero como dices, hay cosas más en el fondo de esto que perjudican más la calidad de la educación, toda la culpa nos la achacan a los maestros, porque no estan en nuestro lugar. Sin embargo, y muy a mi pesar debo aceptar que hay muchos maestros con una forma de actuar ignorante y absurda, malo que la gente generalice.
Saludos y besos.
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