Me desperté más temprano. A las seis de la mañana tomaba té mientras terminaba de leer El País, periódico que compro todos los domingos porque es un verdadero placer leer. Me fascina.
Es lunes, el simple hecho de decir: “es lunes”, me pone de malas. No dormí mucho, a las tres de la mañana me acosté, son las seis. Tres horas dormí. Y mi mamá está enojada porque mis sobrinos no le hacen caso, la esquivan, la ignoran. Por la tarde el calor estuvo insoportable, terrible de verdad, no lo soporté. Me abochorné mucho porque además es lunes, inicio de semana, tener que ir a la escuela, qué pesado me resulta todo.
Últimamente no he dejado de pensar en que quisiera tener mi propia casa, vivir solo es algo que me ha rondado por la cabeza durante muchos días. Espero pronto hacer algo para que todo se vuelva realidad. La verdad es que lo veo muy difícil, pero lo importante es que tengo ganas de hacerlo, o creo tener ganas.
Esas son otras cuestiones que espero poner en orden porque de verdad que no dejan de atormentarme. Algo que espero arrepentirme de decir: me he cansado de ver a mis papás. ¡Oh sí, qué malo fue decir eso! Ellos que me han dado todo, pero como he dicho, tengo cosas que poner en orden porque no quiero hacer problemas e ir enredando tantas cosas que al final resultará ser un verdadero cochinero que puta madre no sé qué me pasa.
A las diez de la mañana sonó mi celular. De inmediato contesté, antes intenté identificar el número pero me resultó un fracaso. Así que oprimí el botón para aceptar la llamada.
–Hola, qué pasó– es lo que siempre digo, bueno, casi siempre.
–Buenos días, quién habla– oí la voz de una mujer completamente desconocida.
–Martín, quién más– dije.
– ¿Martín?, ¿dónde está Ángel?– dijo la vieja.
–No sé, creo que se equivocó de número– dije.
– ¡Ah!, con permiso entonces, gracias– se disculpó la mujer.
–Propio, de nada– le dije.
Y entonces dije para mí mismo: Cómo es posible que las personas siempre se equivoquen de número, que no anoten bien un número, que marquen mal, que sus dedos se resbalen hacia otras teclas, maldita sea por qué siempre me toca a mí. Tanto que me costó comprarme un celular hermosísimo para que las personas me arruinen los días con sus estupideces. No es la primera vez que me pasa eso, ni que mi celular fuera robado o comprado a alguien más. No, así no es. Hace como dos años un amigo me regaló un celular. Y desde entonces conservo el mismo número, ahora, con un nuevo aparato igualmente conservo el número. Qué demonios les pasa a las personas. Me purga, me recontra purga que se equivoquen. Yo me emociono mucho cuando suena mi celular. Y para que me salgan con sus pinches mamadas. Oh, oh, oh.
Más tarde, luego de diez minutos, volvió a sonar mi teléfono. Pero ahora el número era distinto, así que volví a contestar.
–Hola, qué pasó– dije una vez más.
– ¿Ángel?– era la misma vieja.
–No, habla Martín– insistí.
– ¡No mames!, ¿dónde está Ángel?– me gritó la maldita vieja.
– (Reí) No sé, no conozco a ningún Ángel por acá– le dije.
–Pero este número que marqué es el de Ángel, no puede ser que me equivoqué– dijo la vieja un poco acongojada.
–Pues revise bien porque sí se equivocó, de verdad que se equivocó– le propuse.
–Adiós– se despidió la vieja, luego colgó.
Me tranquilicé un momento. Cuando me disponía a comer unos deliciosos tacos dorados sonó nuevamente el celular. Miré el número, supe que era la vieja, así que decidí ignorarla, no quería hacer corajes porque comería aguacate. Y el celular paró, luego volvió a sonar, así cada diez minutos durante casi una hora, hasta que la vieja se cansó. Media hora después llegó un mensaje a mi celular. Abrí la bandeja. Y oh sí, era de la misma perra vieja jodona.
Así, tal cual como lo escribió, lo escribiré:
“angeldondestas llapregunteporti enelmodulo quierosabersibasavenir acasa te esperoasta 2pmsinovienes me voy comoteloabiadichoesperoyegues astaprontorecuerda a tushijos”
Entonces el hecho de que la señora estuviera llamando muchas veces a mi número no me disgustó tanto como el hecho de leer semejante porquería. Así que sin dudarlo oprimí el menú de opciones en mi celular, copié el texto, lo pegué en un nuevo mensaje a enviar. Y lo corregí:
“Ángel, ¿dónde estás? Ya pregunté por ti en el módulo, quiero saber si vas a venir a la casa. Te espero hasta las 2 PM. Si no vienes, me voy, como te lo había dicho. Espero llegues. Hasta pronto, recuerda a tus hijos.”
Y se lo reenvié a la vieja. Minutos más tarde la señora volvió a marcar.
–Señora, le repito que está equivocándose de número, me da pena por usted, pero no puedo hacer nada, le insisto, revise que el número sea el correcto, es un hecho que está mal– la regañé.
–Ya deja de esconder a Ángel, pásamelo por favor, no seas malo, tiene dos días que no llega a casa– imploró la señora.
–De verdad, se lo digo de verdad, no conozco a Ángel, no le puedo ayudar en nada, le repito nuevamente, revise el número– ahora fui yo el que imploró.
Pero la señora terca y terca que yo escondía a su marido. Que el número era el correcto, que no era posible que de un día para otro sea otra persona quien conteste. Le dije que me daba pena su caso pero que lo único que ella podía hacer era esperar a su marido, que me dejara de llamar. Y así terminó todo, espero que su hombre haya llegado a casa, a ver a sus hijos y que ahora mismo estén haciendo el amor.
Yo, por lo pronto, seguiré tomando té de limón porque llueve bastante. Y los relámpagos me dan miedo.
Es lunes, el simple hecho de decir: “es lunes”, me pone de malas. No dormí mucho, a las tres de la mañana me acosté, son las seis. Tres horas dormí. Y mi mamá está enojada porque mis sobrinos no le hacen caso, la esquivan, la ignoran. Por la tarde el calor estuvo insoportable, terrible de verdad, no lo soporté. Me abochorné mucho porque además es lunes, inicio de semana, tener que ir a la escuela, qué pesado me resulta todo.
Últimamente no he dejado de pensar en que quisiera tener mi propia casa, vivir solo es algo que me ha rondado por la cabeza durante muchos días. Espero pronto hacer algo para que todo se vuelva realidad. La verdad es que lo veo muy difícil, pero lo importante es que tengo ganas de hacerlo, o creo tener ganas.
Esas son otras cuestiones que espero poner en orden porque de verdad que no dejan de atormentarme. Algo que espero arrepentirme de decir: me he cansado de ver a mis papás. ¡Oh sí, qué malo fue decir eso! Ellos que me han dado todo, pero como he dicho, tengo cosas que poner en orden porque no quiero hacer problemas e ir enredando tantas cosas que al final resultará ser un verdadero cochinero que puta madre no sé qué me pasa.
A las diez de la mañana sonó mi celular. De inmediato contesté, antes intenté identificar el número pero me resultó un fracaso. Así que oprimí el botón para aceptar la llamada.
–Hola, qué pasó– es lo que siempre digo, bueno, casi siempre.
–Buenos días, quién habla– oí la voz de una mujer completamente desconocida.
–Martín, quién más– dije.
– ¿Martín?, ¿dónde está Ángel?– dijo la vieja.
–No sé, creo que se equivocó de número– dije.
– ¡Ah!, con permiso entonces, gracias– se disculpó la mujer.
–Propio, de nada– le dije.
Y entonces dije para mí mismo: Cómo es posible que las personas siempre se equivoquen de número, que no anoten bien un número, que marquen mal, que sus dedos se resbalen hacia otras teclas, maldita sea por qué siempre me toca a mí. Tanto que me costó comprarme un celular hermosísimo para que las personas me arruinen los días con sus estupideces. No es la primera vez que me pasa eso, ni que mi celular fuera robado o comprado a alguien más. No, así no es. Hace como dos años un amigo me regaló un celular. Y desde entonces conservo el mismo número, ahora, con un nuevo aparato igualmente conservo el número. Qué demonios les pasa a las personas. Me purga, me recontra purga que se equivoquen. Yo me emociono mucho cuando suena mi celular. Y para que me salgan con sus pinches mamadas. Oh, oh, oh.
Más tarde, luego de diez minutos, volvió a sonar mi teléfono. Pero ahora el número era distinto, así que volví a contestar.
–Hola, qué pasó– dije una vez más.
– ¿Ángel?– era la misma vieja.
–No, habla Martín– insistí.
– ¡No mames!, ¿dónde está Ángel?– me gritó la maldita vieja.
– (Reí) No sé, no conozco a ningún Ángel por acá– le dije.
–Pero este número que marqué es el de Ángel, no puede ser que me equivoqué– dijo la vieja un poco acongojada.
–Pues revise bien porque sí se equivocó, de verdad que se equivocó– le propuse.
–Adiós– se despidió la vieja, luego colgó.
Me tranquilicé un momento. Cuando me disponía a comer unos deliciosos tacos dorados sonó nuevamente el celular. Miré el número, supe que era la vieja, así que decidí ignorarla, no quería hacer corajes porque comería aguacate. Y el celular paró, luego volvió a sonar, así cada diez minutos durante casi una hora, hasta que la vieja se cansó. Media hora después llegó un mensaje a mi celular. Abrí la bandeja. Y oh sí, era de la misma perra vieja jodona.
Así, tal cual como lo escribió, lo escribiré:
“angeldondestas llapregunteporti enelmodulo quierosabersibasavenir acasa te esperoasta 2pmsinovienes me voy comoteloabiadichoesperoyegues astaprontorecuerda a tushijos”
Entonces el hecho de que la señora estuviera llamando muchas veces a mi número no me disgustó tanto como el hecho de leer semejante porquería. Así que sin dudarlo oprimí el menú de opciones en mi celular, copié el texto, lo pegué en un nuevo mensaje a enviar. Y lo corregí:
“Ángel, ¿dónde estás? Ya pregunté por ti en el módulo, quiero saber si vas a venir a la casa. Te espero hasta las 2 PM. Si no vienes, me voy, como te lo había dicho. Espero llegues. Hasta pronto, recuerda a tus hijos.”
Y se lo reenvié a la vieja. Minutos más tarde la señora volvió a marcar.
–Señora, le repito que está equivocándose de número, me da pena por usted, pero no puedo hacer nada, le insisto, revise que el número sea el correcto, es un hecho que está mal– la regañé.
–Ya deja de esconder a Ángel, pásamelo por favor, no seas malo, tiene dos días que no llega a casa– imploró la señora.
–De verdad, se lo digo de verdad, no conozco a Ángel, no le puedo ayudar en nada, le repito nuevamente, revise el número– ahora fui yo el que imploró.
Pero la señora terca y terca que yo escondía a su marido. Que el número era el correcto, que no era posible que de un día para otro sea otra persona quien conteste. Le dije que me daba pena su caso pero que lo único que ella podía hacer era esperar a su marido, que me dejara de llamar. Y así terminó todo, espero que su hombre haya llegado a casa, a ver a sus hijos y que ahora mismo estén haciendo el amor.
Yo, por lo pronto, seguiré tomando té de limón porque llueve bastante. Y los relámpagos me dan miedo.
*Por cierto, quiero presumir que desde octubre del año pasado tengo un hermoso BLACKBERRY CURVE que me costó mucho. Es un regalo que me quise dar. Deben entender que en esos días terminé una relación de tres años. En lugar de llorar, lo mínimo que podía hacer era comprarme un juguetito que me animara. Desde que lo vi me enamoré del celular. Admito que me salió lo materialista, pero ni modos, me gusta mucho, mucho, muchísimo... carajo.

5 comentarios:
Uhm... hoy andamos de malas?
Yo sí. Soñé con mi ex. Chale.
Cuando troné con él me gasté como 8 mil pesos en un montón de cosas que compré a plazos sin intereses y que no he acabado de pagar.
Y ya para acabar, pobre señora. Se siente regacho estar en su situación.
Por cierto, dónde estudias?
Sí, de malas. Y lo peor es que uno se tiene que aguantar. Pues no me gasté más que tú, ahorré para poder comprar el celular... siempre me ha gustado pagar el mismo día, nada de plazos ni créditos...
Sí, pobre señora. Me dio pena. Pero tampoco tengo la culpa.
Estudio acá en Cuernavaca, en una universidad privada... debo decirte que no me sentía preparado para emprender un viaje allá, a la máxima casa de estudios (UNAM) pero adoro mi escuela... he aprendido mucho... aunque reconozco que soy autodidacta.
BlackBerry de consolacion? Ese si que es un regalo.
Sorry por no haberme pasado antes. He estado para la mier...bueno, vos viste lo que son los ultimos dos post de mi blog.
CHe, al final ¿Aparecio Angel?... me quede con la intriga. Podrias llamarla a la señora y preguntarle. Falta que haya pasado algo tenebroso.
Son las 6 de la mañana, no sé porque mierda se me quitó el sueño, me desperté con mal humor pero... me puse a leerte y me hiciste reír, de verdad que la realidad supera la fantasía. Lo de la señora me pareció increíble y lo del Blackberry, uauuu... ya me quedé con la pulga tras la oreja, ¿me das el número del modelito?
El sol asoma... hoy será un buen día, gracias.
:D Bss.
Quiero una black berry ya!!
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