10/07/08

Besos al amor


La tristeza me llegó de noche, de madrugada. Hace cuánto amor que no me besas. Ya ni recuerdo a qué saben tus besos. Ni la textura de tus labios. Qué es un beso. A qué sabe abrazarse para luego ceder ante las caricias. Hace cuánto amor que no nos miramos de frente, tratando de reconocernos para luego hundirnos en saliva. Hace mucho que estás a mi lado. Y es apenas cuando necesito más de ti. Hace mucho, mi hermoso príncipe, que extraño tus palabras en mi oído, en la noche, en la soledad. Te amo, me decías. Yo más, contestaba. Hace cuánto que no reímos juntos de lo mal que nos sucede diariamente. Y hace mucho que duermo, cierro los ojos, tan tranquilo, tan como si nada pasara: el amanecer me resulta tonto. Ya no tengo por quien despertar alegremente por la mañana. Se han muerto tantas cosas. Y hace mucho, pero hace mucho, que extraño tus brazos sobre mí. Un beso. Dos quizá, prolongados, apasionados. Ya no es lo mismo, amor, reír por cosas sin sentido. Hace mucho que camino esperanzado de que algún día seas sólo para mí. Y es entonces, mi querido, cuando podré decirte con millones de besos que te amo. Y que me amas quiero oír. Pero hace mucho que extraño la sensibilidad. La música de tu cuerpo al ritmo de mis gemidos. Hace mucho tiempo que me duele estar tan lejos del amor, tan cerca de la tristeza, tan en medio del drama. Quiero jugar. Quiero tantas cosas. Ir de aquí para allá sin llegar hasta acá, porque ahí están los miedos, la niebla fea, el dolor, las lágrimas. Y quiero llorar porque te amo tanto que me siento miserable. Hace mucho que tu simple imagen me provoca el llanto. La rabia. El miedo de morir sin decirte que ante todo, por todo y porque así me gusta: mi vida está a tus pies. Y te amo tanto que me rompe el corazón saber que en mi vida no probaré otros labios porque los míos únicamente aceptan los primeros, aquellos que le despertaron las ganas de estar, siempre, besando al amor.

4 comentarios:

Pável dijo...

Las distancias se tuercen en la mente, las miradas se tuercen en el aire y entregan mensajes cargados de luces y sombras que originalmente no estaban ahí.

No te sientes cerca del fuego, porque tu cuerpo se entibiará, pero cuando te retires se sentirá dolorido. El fuego es así: nos acostumbra y después nos recuerda que no podemos estar sin él.

Llorar sirve para lavar, amar sirve para vivir, cantar sirve para hablar con Dios en un lenguaje adecuado y correr funciona cuando se intenta andar a la par del tiempo, tras sus rodillas.

leonenjaulado dijo...

Creo que muchas veces me he sentido identeificado contigo. Pero... hay que empezar a pensar en otras cosas.

William Saints dijo...

¿Soy yo o la imagen ha variado desde los inicios del post? O_o

Martinsísimo dijo...

Creo que eres tú.