
Jamás olvidaré la noche en que Arianna no me dejó dormir. Recuerdo que hicimos un viaje a Taxco en compañía de otros amigos. Por la noche caminamos por las estrechas calles de Taxco, íbamos en busca de un buen lugar para pasar la noche, para divertirnos.
Caminamos sin saber nuestro destino, nos aventuramos a preguntarles a las personas una buena opción de bar para poder pasar la noche. Muchas opciones, muchos lugares, pero al final decidimos quedarnos en uno que no estuviese bastante lejos del hotel donde nos hospedábamos.
Ahí, en el bar Las fuentes, pedí un vodka con jugo de uva. Mis demás compañeros pidieron un litro de cerveza. Antes de que ellos llegaran a la mitad de su tarro, el vaso donde estaba servido mi vodka no contenía nada más. Bebí rápido, tenía sed, ni siquiera lo disfruté. Así que, para seguir en la misma tónica de mis compañeros, tuve que pedirme un litro de cerveza. Y así fue.
Risas, carcajadas, chistes, pésimos chistes, bromas, salud, brindemos, ¿para qué?, ¿por qué?, quién sabe, salud, brindemos pues. Cuando nos aburrimos de estar en ese lugar, decidimos ir a un Oxxo a comprar un six de cervezas, unos chicharrones, nada más. Continuamos en el hotel. Ahí platicamos de muchas cosas hasta que el sueño nos ganó.
Y cada quien a dormir. Ever durmió al lado de Vladimir, quiero imaginar que lograron conciliar el sueño. Yo compartí habitación con Arianna. Una sola cama, un colchón durísimo. Y Arianna se dispuso a dormir, se tiró en la cama boca abajo, estirando sus brazos, sus piernas. A un costado, procurando no caer al suelo, me encontraba yo.
Antes de dormir hice algunas llamadas, mandé mensajes de texto a unos amigos. Luego, en complicidad con Arianna, llamé a Atzin, pero decidimos colgarle. Más risas, más carcajadas. Mejor a dormir.
No me cambié de ropa, no llevé pijama. Únicamente me quité los zapatos. Me cubrí con una sábana. Arianna, por su parte, parecía dormir a gusto. Me daba miedo estar en ese hotel. Tan pequeño, tan estrecho, una sola cama, Arianna a mi lado durmiendo como si nada, pensando que la cama era únicamente para ella, se movía, se rascaba, a ella no le importaba mi presencia. Se sentía única ahí, sola, toda la cama para ella.
Yo, todavía a un costado, esperaba el amanecer. Y me lamentaba por no haber dicho que prefería dormir solo, en cama única. Pero nada se podía hacer ya. Luego tuve calor, me quité la sábana, me dolía el cuerpo, tan sólo algunos centímetros podía moverme porque Arianna no me dejaba más espacio. Observaba a cada momento mi celular, estaba desesperado, me angustiaba el calor, quería que el reloj marcara las seis de la mañana.
Pero todo parecía tan lento, la noche interminable. Yo seguía desesperado. A las tres de la mañana escuché ruidos. Era Ever que salía de su habitación para ir al baño, luego fue Vladimir. Arianna me tocó el hombro, me dijo: ¿qué pasa?
Es Ever que fue a mear, creo que también Vladimir, le contesté. Y luego le alumbré la cara a Arianna con una linterna. Y se enojó, me dijo: Ya duérmete cabrón.
Si me dejaras dormir, si te hicieras a un lado, si entendieras que la cama es para dos, tal vez podría dormir… quise contestarle, pero mejor dejé que se durmiera. Cosa que por supuesto no le costó trabajo. Ella roncaba, qué envidia me daba.
Más tarde me levanté para mirar otra vez el celular. Y me daba mucho coraje ver que apenas eran las cuatro. Y me detuve un momento para mirar a Arianna, completamente tranquila, durmiendo, boca abajo, ligeramente abierta de piernas. Quise tomarle una foto pero mi cámara no tenía batería. Pinche Arianna, pensé, se adueñó del espacio de la cama.
Ya a las seis escuché que otros inquilinos del hotel se iban, los niños hicieron mucho ruido, no me despertaron nomás porque no logré dormir, pero el hecho de saber que se iban me animaba porque pronto amanecería. Me dolía la cabeza, me sentía mareado. Cuando los inquilinos se fueron, salí al pasillo del hotel dizque a tomar aire fresco, pero hacía mucho calor. Y tenía ganas de vomitar.
Me senté en el sillón del pasillo. Ahí me quedé esperando a que mis compañeros se despertaran. La espera en el sillón, al igual que en la cama, fue tremendamente desesperante. Me sentía mal. Estaba asqueado, no por Arianna que no me dejó dormir, era, supuse, por el vodka.
A las ocho de la mañana el dueño del hotel, un tipo grande, gordo, moreno, salió de su cuarto en ropa interior, rascándose la cabeza, bostezando. Me vio en el sillón, me dijo buenos días, se fue a bañar. Más tarde, como a las nueve, mis compañeros despertaron. Tan tranquilos, tan como si nada, a mí me seguía doliendo la cabeza, estaba mareado, quería irme a mi casa, pero esto no fue hasta las seis de la tarde.
Antes les conté que Arianna no me dejó dormir, que se apropió de la cama, que se echó, sin pena alguna, en la cama, que estiró sus brazos, sus piernas. Esa noche, en Taxco, jamás la olvidaré aunque Arianna niegue rotundamente su comportamiento.
Caminamos sin saber nuestro destino, nos aventuramos a preguntarles a las personas una buena opción de bar para poder pasar la noche. Muchas opciones, muchos lugares, pero al final decidimos quedarnos en uno que no estuviese bastante lejos del hotel donde nos hospedábamos.
Ahí, en el bar Las fuentes, pedí un vodka con jugo de uva. Mis demás compañeros pidieron un litro de cerveza. Antes de que ellos llegaran a la mitad de su tarro, el vaso donde estaba servido mi vodka no contenía nada más. Bebí rápido, tenía sed, ni siquiera lo disfruté. Así que, para seguir en la misma tónica de mis compañeros, tuve que pedirme un litro de cerveza. Y así fue.
Risas, carcajadas, chistes, pésimos chistes, bromas, salud, brindemos, ¿para qué?, ¿por qué?, quién sabe, salud, brindemos pues. Cuando nos aburrimos de estar en ese lugar, decidimos ir a un Oxxo a comprar un six de cervezas, unos chicharrones, nada más. Continuamos en el hotel. Ahí platicamos de muchas cosas hasta que el sueño nos ganó.
Y cada quien a dormir. Ever durmió al lado de Vladimir, quiero imaginar que lograron conciliar el sueño. Yo compartí habitación con Arianna. Una sola cama, un colchón durísimo. Y Arianna se dispuso a dormir, se tiró en la cama boca abajo, estirando sus brazos, sus piernas. A un costado, procurando no caer al suelo, me encontraba yo.
Antes de dormir hice algunas llamadas, mandé mensajes de texto a unos amigos. Luego, en complicidad con Arianna, llamé a Atzin, pero decidimos colgarle. Más risas, más carcajadas. Mejor a dormir.
No me cambié de ropa, no llevé pijama. Únicamente me quité los zapatos. Me cubrí con una sábana. Arianna, por su parte, parecía dormir a gusto. Me daba miedo estar en ese hotel. Tan pequeño, tan estrecho, una sola cama, Arianna a mi lado durmiendo como si nada, pensando que la cama era únicamente para ella, se movía, se rascaba, a ella no le importaba mi presencia. Se sentía única ahí, sola, toda la cama para ella.
Yo, todavía a un costado, esperaba el amanecer. Y me lamentaba por no haber dicho que prefería dormir solo, en cama única. Pero nada se podía hacer ya. Luego tuve calor, me quité la sábana, me dolía el cuerpo, tan sólo algunos centímetros podía moverme porque Arianna no me dejaba más espacio. Observaba a cada momento mi celular, estaba desesperado, me angustiaba el calor, quería que el reloj marcara las seis de la mañana.
Pero todo parecía tan lento, la noche interminable. Yo seguía desesperado. A las tres de la mañana escuché ruidos. Era Ever que salía de su habitación para ir al baño, luego fue Vladimir. Arianna me tocó el hombro, me dijo: ¿qué pasa?
Es Ever que fue a mear, creo que también Vladimir, le contesté. Y luego le alumbré la cara a Arianna con una linterna. Y se enojó, me dijo: Ya duérmete cabrón.
Si me dejaras dormir, si te hicieras a un lado, si entendieras que la cama es para dos, tal vez podría dormir… quise contestarle, pero mejor dejé que se durmiera. Cosa que por supuesto no le costó trabajo. Ella roncaba, qué envidia me daba.
Más tarde me levanté para mirar otra vez el celular. Y me daba mucho coraje ver que apenas eran las cuatro. Y me detuve un momento para mirar a Arianna, completamente tranquila, durmiendo, boca abajo, ligeramente abierta de piernas. Quise tomarle una foto pero mi cámara no tenía batería. Pinche Arianna, pensé, se adueñó del espacio de la cama.
Ya a las seis escuché que otros inquilinos del hotel se iban, los niños hicieron mucho ruido, no me despertaron nomás porque no logré dormir, pero el hecho de saber que se iban me animaba porque pronto amanecería. Me dolía la cabeza, me sentía mareado. Cuando los inquilinos se fueron, salí al pasillo del hotel dizque a tomar aire fresco, pero hacía mucho calor. Y tenía ganas de vomitar.
Me senté en el sillón del pasillo. Ahí me quedé esperando a que mis compañeros se despertaran. La espera en el sillón, al igual que en la cama, fue tremendamente desesperante. Me sentía mal. Estaba asqueado, no por Arianna que no me dejó dormir, era, supuse, por el vodka.
A las ocho de la mañana el dueño del hotel, un tipo grande, gordo, moreno, salió de su cuarto en ropa interior, rascándose la cabeza, bostezando. Me vio en el sillón, me dijo buenos días, se fue a bañar. Más tarde, como a las nueve, mis compañeros despertaron. Tan tranquilos, tan como si nada, a mí me seguía doliendo la cabeza, estaba mareado, quería irme a mi casa, pero esto no fue hasta las seis de la tarde.
Antes les conté que Arianna no me dejó dormir, que se apropió de la cama, que se echó, sin pena alguna, en la cama, que estiró sus brazos, sus piernas. Esa noche, en Taxco, jamás la olvidaré aunque Arianna niegue rotundamente su comportamiento.

1 comentarios:
La ves que fuí a Taxco estuve sólo un día, entrada por salida. Nada padre por que a pesar de todos sabiamos que era una excursión, muchas de las mujeres iban de TACONES, por ende nos deteniamos a cada rato a descansar.
Pero compré mucha plata, comí mucho y tomé fotos.
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