09/06/08

Retrospectivas


Cumplí 21 años. Y en el tintero se han quedado tantas cosas. Sea cual sea la razón, creo que todo desemboca en algo: cobardía. Miedo tal vez. A veces creo que sobre la espalda cargo tantas cosas que no me pertenecen, pero no quiero ni debo soltarlas, dejarlas caer equivaldría a ser más cobarde.

Alguna vez una amiga me preguntó: ¿eres completamente feliz Martín? No hubo respuesta, sólo sonreí. Pero hasta la fecha esa pregunta me sigue invadiendo. Aunque creo que la respuesta es rotundamente negativa. No lo creo, jamás me he sentido lleno de felicidad. Y no encuentro nada que le sea equiparable. Camino porque tengo que caminar, muevo las manos porque lo debo hacer. Pero ser feliz aún está demasiado lejano de mí. Y cada día empiezo a creer que será una búsqueda o casualidad sumamente difícil.

Si bien es cierto que me provoca emoción el escribir, el redactar la sonoridad de mis pensamientos más raros, también es cierto que aún me falta mucho camino por recorrer. Son 21 años los que ahora he cumplido, son tantas cosas que debo reflexionar. Pero lo peor de todo esto es que apenas tengo tiempo para darme cuenta de quién realmente es ese Martín que todos los días despierta.

A mi alrededor las cosas empiezan a despedazarse como un pan, como un polvorón. Paradoja dulce, a mí que tanto me agrada el polvorón, ahora comienza mi irritación porque me hundo, porque no puedo hacer nada.

Dizque me prometí a mí mismo dejar la casa de mis padres antes de cumplir los 21 años. La meta era salir de la casa durante los 20 años. Pero hubo factores de los que no me pude librar. Como siempre, nada raro en mí, soñé demasiado. Tracé líneas tan delgadas en mi imaginación, tanto que parecían perfectas, todo rosa, así como mi vida, pero la realidad es que pudo más la emoción que las verdaderas ganas de hacerlo. Me creí libre, me creí capaz, pero ante todo resulté un completo fracaso. No luiché por ser diferente, pero conservando la escencia. Creo que me perdí, ahora debo encontarme, si no es tan tarde.

Ya me burlé de mí mismo. Ya me maldije por estúpido, por tonto. ¿Qué representaré para las personas que me tienen a su lado? ¿Qué seré? Eso me importaba antes, eso no me preocupa ahora. Camino, camino, sigo caminando, sigo encontrando a cada paso una piedra que me estorba. Cada vez es más grande, algo me hace pensar que pronto veré un muro, una pared. Un callejón sin salida. Y ahí, en la oscuridad, en la soledad, encontraré mi muerte, mi refugio fiel, mi amante de cera.

Al llegar a mi casa no encuentro nada más que un vacío existencial. Ya nada es como antes. Ahora mi tristeza es tan insoportable. Ya de nada me sirve bailar, cantar o hablar como un loco frente al espejo, dictando discursos, sonriendo teatralmente. El oxigeno se me acaba.

Ya me deshice de todo papel que me recuerde mi pasado nubloso, ese del que no me avergüezo, pero que tampoco deseo tener presente. Sólo quedan fotografías de mi infancia, donde aparentemente era todo divertido, donde se me veía tranquilo, contento, feliz podría decirse. Son recuerdos que me quedan, son momentos que auxilian a mis sentimientos cuando las lágrimas comienzan a ahogarme, cuando la tristeza se vuelve un mar. Y no sé nadar.

Son 21 años. Y espero que pronto todo cambie. Sé que así será. Aunque no sé qué tan preparado me encuentro para aceptar los cambios que vengan. No sé qué tan difícil o fácil sea el abrirme ante tantas nuevas aventuras o desventuras. Ojalá todo fuera como cerrar los ojos, suspirar e inmediatamente echarse a soñar.

Pero los sueños, en la realidad, al menos para mí siempre son una pesadilla.
Tengo 21 años. Y quiero volver a besar a alguien. Tengo 21 años. Y ahora, lo que me acercaría a la felicidad, es volver a dormir con alguien que por la noche no deje de besarme. Y me pongo a pensar que mi balanza tiene dos pesos: mi vida rutinaria, donde sin duda todo recae, donde está lo peor, donde no quiero más, donde todo está mal, donde… carajo, no quiero que exista más. Pero acepto que si no existe más entonces no podrá nivelar el otro extremo, donde recae el amor, donde siempre quiero vivir, donde para eso quiero vivir, donde… carajo, es imposible.

Ahora me he dado cuenta que me gusta soñar mucho. Por favor, denme unas buenas cachetadas porque ahora, a mis 21 años, eso de soñar como que no tiene mucha cabida en mí.

2 comentarios:

Cecilio dijo...

Yo por eso este cumpleaños proximo, cumpliré de nuevo 21... así será la prolongación de todo lo que pensé hacer antes de los 21.

Abrazo!

KARUROSU-KUN dijo...

"Martinillo, martinillo, donde estas?" asi dice la cancion: "din, don, dan"...
Que asi sea tu vida, que todo el tiempo este sonando tu estrella, tu luz, tu fuerza interna y externa.
Eres alguien que proyecta muchas cosas, al menos a mi, me sorprendes mucho y te admiro sobremanera -sin afan de sonar demagogico- ok?
Los 21, ahhh! a esa edad yo sabia dirigir otras vidas y no la "mia propia", pero toda caida es fructifera... Yo pensaba que era el exitoso en todo menos el amor y oh desilusion!!! se ha roto ese "conjuro estupido" que me "autoproclame"... solo es cuestion de esperar, eso es todo, jejeje!
Oyeee, pronto, muy pronto, nos tomaremos un cafecito y te dare algunos abrazos fuertes, vale?
Saludos enormes "din, don, dan"...
Carlos!